La esposa de Parojnai, Ibore, nos cuenta cómo, el 11 de junio de 1998, su familia arriesgó todo y estableció contacto.
Hicimos una caminata hasta el lugar donde Parojnai antes afiló un hierro [una lanza]. Allá nos quedamos, preparando nuestro campamento. Después de un rato oímos el ruido de un camión.
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| Las excavadoras entran en el último refugio de los indígenas aislados ayoreo, en Paraguay. |
Fuimos a recolectar cuterei [miel], porque Parojnai ya había encontrado un árbol con miel. Amajane [el hijo mayor] y yo vimos allá lejos una topadora [excavadora]. Vimos la topadora y nos acercamos, aunque los cojñone nos mataran, no nos importaba que nos mataran.
Allá se vió una casa mobil [esto era en realidad un remolque para el conductor paraguayo de la excavadora]. Amajane nos dijo: “Quédense acá, mientras voy a averiguar cómo son los cojñone, si sería posible contactarlos.” Porque en aquel tiempo no teníamos ningún conocimiento cómo eran los cojñone. Al regresar, Amajane nos dijo: “Vi a algunos cojñone pero tuve miedo y no pude acercarme”.
Parojnai me preguntó si tenía miedo de los cojñone o no. Le contesté: “No tengo miedo, voy a acercarme a ellos”. Berui [su segundo hijo] dijo: “Voy contigo”. Pero yo le dije a Berui: “No quiero que vengas con nosotros. Si los cojñone nos matan, vos vas a atender a tus hermanitos [Tocoi y Aripei] y vivir con ellos.” Berui obedeció y se quedó con sus hermanitos. Nos fuimos al costado de un camino, hacia los cojñone. Nos fuimos y tuvimos que dejar a nuestro hijo más pequeño.
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| Ibore y Parojnai con sus hijos al día siguiente de haber salido del bosque. |
Ya vimos la casita de los cojñone. Al llegar a la casita, Parojnai gritó: “¡Yo soy Parojnai!”. Pero parecía que nadie estaba en la casita. En ese momento Amajane también gritó: “Yo soy Amajane [Me llamo Cáscara de Tuna] y no vengo para matar”.
Parojnai siguió gritando: “¡Yo soy Parojnai!”, y entonces recién salió un cojñoi y vi y observé cómo son los cojñone. Y vi que son personas como nosotros. Le dije de nuevo: “Nosotros no venimos a matarte sino que queremos vivir con Ustedes también”.
El señor dijo: “Eja, eja, eja” y yo noté que él tenía mucho miedo. No hacía más que mover la cabeza y mirar hacia atrás, parecía como si quisiese salir corriendo. Dio unos pasos atrás y yo le dije: “No hay que correr, nosotros no vamos a matarte, nosotros somos buenos”.
Amajane le hizo señales para que se acercase. Cuando se acercó, le rodeé con un brazo y Parojnai le rodeó con el otro brazo y le dije “Sentate acá, sentate acá”. Le dije: “No tenga miedo de nosotros”, y le grité a Parojnai: “Agárrale tú también, no queremos que vuelva a marcharse”, y siempre con las mismas palabras le dije a él: “No tenga miedo, no tenga miedo de nosotros, somos buenos”. El hombre repetía a cada rato: ”Eja, Eja, Eja”. Yo seguía repitiéndole: ”No tenga miedo”.
El cojñoi sostenía algo en su mano [una escopeta] y yo pregunté a Parojnai: “¿Qué es lo que tiene en la mano?”, y Parojnai me respondió: “Esto es un arma”. Y yo le dije al cojñoi, “No tenga miedo de nosotros, tráiganos algo de comer, tengo mucha hambre”. El cojñoi entró en la casita y trajo un plato lleno de galletas, y se comió las galletas delante de nosotros. Yo también probé, pero no me gustó.
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| Amajane ayudó a sus padres a establecer contacto por primera vez. |
El hombre nos pasó las galletas mientras se reía “ji, ji, ji”, y también trajo un poco de guiso en otro plato. Igual que las galletas, se lo comió delante de nosotros, yo también lo probé, pero no me gustó.
Parojnai dijo: “Tráiganos agua, tengo sed, quiero tomar agua”. Vimos un bidón con agua dentro y tomamos agua. Amajane llegó justo cuando acabábamos de encontrar el agua del cojñoi. Amajane tenía miedo del agua y la derramó. Yo le dije: “No hay que derramar el agua”.
El cojnoi entró en su casita y trajo un arma. Amajane y su padre se quedaron junto a este hombre todo el tiempo, le siguieron a cada paso. De repente, disparó al aire.
Yo me asusté, pensé que disparaba a mi hijo y a mi esposo. Y grité: “¡Eeeeeh!” de puro miedo, y de repente el hombre se quitó la camisa y me la dio, riéndose. Entonces yo le di un collar de purucode [semillas negras] y se lo puse alrededor del cuello. Parojnai también trajo un collar de purucode y también se lo puso alrededor del cuello.
En las fotos tomadas al día siguiente, puede verse a Ibore vestida con la camiseta roja de fútbol del hombre.
Parojnai contrajo la gripe y la tuberculosis poco después del contacto, y ésta última le ocasionó la muerte en 2008. Su mujer Ibore y sus hijos viven ahora en una pequeña comunidad ayoreo al borde del bosque.
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