El lado oscuro de Brasil

Brasil: al evocarlo nuestra mente baila al ritmo del carnaval, pasea por Copacabana e imagina el esperado Mundial de Fútbol.

Pero basta con rascar la superficie y encontrarás su lado más oscuro, porque lo que no cuenta la popular imagen que proyecta el país es su escandaloso trato a los pueblos originarios.

Sus estadios de fútbol se asientan sobre tierra indígena y su recién amasada riqueza procede de la desposesión de los indígenas y del robo de sus territorios.

Ahora Brasil planea un nuevo asalto a sus pueblos originarios. Su objetivo: las tierras que los indígenas han conseguido conservar.

Actúa ahora ↓  Donar →

 

Los fantasmas de la Copa del Mundo

Cuando los primeros europeos llegaron a Brasil en el año 1500, este era el hogar de más de 10 millones de indígenas. Cinco siglos de asesinatos, torturas, enfermedades y explotación asolaron a su población hasta el punto de que, para la década de 1950, esta se había desplomado al mínimo histórico de 100.000 personas.

El eminente senador y antropólogo Darcy Ribeiro estimó que durante el pasado siglo una tribu se extinguía cada año y predijo que no quedaría ni un solo indígena para el año 1980. Se piensa que desde 1500 se han extinguido casi 1.500 pueblos.

Algunas tribus son tan pequeñas que ni siquiera llegan a los once necesarios para formar un equipo de fútbol:

- 5 superviventes: tribu akuntsu (estado de Rondônia)

- 4 supervivientes: tribu juma (estado de Amazonas)

- 3 supervivientes: tribu piripkura (estado de Rondônia)

- 2 supervivientes: indígenas del río Tapirapé (estado de Maranhão; puede que uno ya haya muerto)

- 1 supervivente: “El último de su tribu” o “El hombre del agujero” (estado de Rondônia)

Los últimos supervivientes del pueblo akuntsu. Los demás miembros de su tribu fueron aniquilados.
©Survival

Los estadios

El estadio más pequeño, en Curitiba, con capacidad para 41.456 personas, tendría aforo para albergar a la mayor tribu del estado Amazonas, los ticunas y sus 40.000 integrantes, ¡y aún así sobrarían asientos!

El estadio con mayor capacidad es el de Maracanã, en Río de Janeiro (76.804 espectadores). Una cifra considerablemente superior a la de la tribu más numerosa de Brasil, los guaraníes, con una población de 51.000 personas, algunas de las cuales viven a solo 50 km de Río.

Estadios de Río de Janeiro, São Paulo, Porto Alegre y Curitiba

Estas ciudades se encuentran en estados que todavía tienen algunos de los conflictos territoriales más acuciantes. Las tribus que habitan en el sur de Brasil (los guaraní-mybás, los guaraní-ñandevas, los kaingangs, los xoklengs y los xetás) viven en diminutas parcelas de tierra, a raíz del robo de la mayor parte de sus territorios por los colonos.

Tribu amenazada: los xetás resultaron prácticamente exterminados en la década de los años 50 como consecuencia de la usurpación de sus tierras. En 1999 solo quedaban ocho supervivientes: tres hombres y cinco mujeres, todos ellos emparentados entre sí.

Las tierras de los guaraníes fueron robadas por terratenientes ganaderos y agricultores de caña de azúcar, que han arrasado sus bosques. Los indígenas ya no tienen dónde vivir más que a los lados de las carreteras.
© Paul Borhaug/Survival

Maracanã, Río de Janeiro

Maracanã es un término indígena tupi que significa loro (también puede referirse a maraca-na, una maraca con semillas que utilizaban los guaraníes en sus ceremonias religiosas). Su nombre real es Estadio Mário Filho.

Cuando se iniciaron las obras de reconstrucción de cara al Mundial, se expulsó a un grupo de 70 indígenas de diecisiete tribus diferentes que ocupaba una mansión abandonada del siglo XIX. Esta, su hogar, fue destruida para la construcción de un enorme aparcamiento y de un museo del fútbol. Los indígenas querían que el centro fuera preservado como un Centro Cultural Indígena.

Esta mansión colonial acogió el primer instituto de investigación cultural indígena de Brasil en 1910. Poco después se convirtió en la oficina central del Servicio de Protección del Indio, hoy en día reconvertido en FUNAI. Hasta 1978 fue la sede del Museo de los Pueblos Indígenas en Brasil.

Tribu extinguida: la tribu goitacá que vivió junto a la costa de Río fue exterminada durante el conflicto armado con los colonizadores europeos.

Estadio de Cuiabá, estado de Mato Grosso

Entre las tribus que viven en esta zona se encuentran los nambiquaras, los umutinas y los parecis.

Los umutinas fueron diezmados por el sarampión y otras enfermedades. De los 400 miembros que eran en 1862, únicamente sobrevivían 73 para el año 1943. En la actualidad su población se va recuperando lentamente.

Los nambiquaras sufrieron terriblemente cuando la autopista BR-364, financiada por el Banco Mundial, invadió el fértil valle que era su hogar. Eran 7.000 en 1915, pero en 1975 solo sobrevivían 530.

Hoy en día la población de los nambiquaras alcanza los 2.000 pero sus tierras siguen siendo invadidas por mineros de diamantes, madereros y ganaderos.

“Se enfrentaron a perros, cadenas, Winchesters [fusiles], ametralladoras, napalm, arsénico, prendas contaminadas con viruela, certificados falsos, expulsiones, deportaciones, carreteras, vallas, fuegos, marihuana, ganadería, decretos ley y la negación de los hechos.” Darcy Ribeiro, senador brasileño y antropólogo.

Tribu amenazada: a 1.400 km de Cuiabá (más o menos a medio camino entre los estadios de Manaus y Cuiabá) viven los kawahivas, una de las tribus no contactadas más amenazadas del mundo.

Un joven nambiquara fotografiado por el célebre antropólogo Claude Levi-Strauss en 1938.
Un joven nambiquara fotografiado por el célebre antropólogo Claude Levi-Strauss en 1938.
© C. Levi-Strauss

Estadio de Belo Horizonte, estado Minas Gerais

A unos 100 kilómetros al nordeste de Belo Horizonte se encuentra un territorio indígena llamado “Fazenda Guarani”, que habitan los krenaks y los pataxós. Ambos han sufrido enormes pérdidas mientras intentaban oponer resistencia a la expansión de la frontera colonial.

En la década de 1960, el estado brasileño estableció dos prisiones secretas dirigidas por la policía militar para castigar y reformar a los indígenas que se resistían a la invasión de sus tierras. Un ex recluso las llamó campos de concentración donde se forzaba a los indígenas a trabajar, y donde se los golpeaba y aislaba en solitarios confinamientos si se negaban a ello. “Yo fui prisionero aquí durante doce años. La policía nos golpeaba tanto a los krenaks que luego teníamos que bañarnos con agua y sal”. Manelão Pankararu.

La Comisión Nacional de la Verdad de Brasil está investigando el maltrato a los indígenas en las prisiones.

Tribu amenazada: los krenaks suman hoy 350 miembros.



 


 

Estadio de Manaus

Manaus, la capital del estado Amazonas, es la única ciudad amazónica que acoge la Copa del Mundo. El estadio ha sido construido imitando el estilo de una cesta indígena.

Tribu extinguida: Manaus recibió este nombre tras la extinción del pueblo indígena manáos. Este pueblo luchó contra la dominación portuguesa en la zona, encabezado por su gran líder Ajuricaba, que unió a varias tribus en la resistencia, pero que finalmente fue derrotado.

Manaus creció de forma masiva a finales del siglo XIX con la riqueza generada por la fiebre del caucho. Decenas de miles de pueblos indígenas fueron esclavizados y forzados a extraer el látex de caucho. Se cometieron atrocidades abominables contra los indígenas: miles murieron como consecuencia de la tortura, de las enfermedades y de la desnutrición. Algunos indígenas evitaron la esclavitud adentrándose en las remotas cabeceras de los afluentes que irrigan el Amazonas, donde sus descendientes todavía siguen evitando cualquier tipo de contacto con la sociedad nacional.

A 100 kilómetros de Manaus está la tierra de los indígenas waimiri-atroaris. Desde el siglo XVIII esta tribu ha resistido con valentía a los cazadores invasores y a los trabajadores del caucho, y muchos perecieron en violentos conflictos. Pero el contacto se estableció en la década de 1970 cuando el Gobierno construyó una carretera a través de su territorio. Centenares murieron por enfermedades contraídas y en violentos enfrentamientos con unidades del ejército enviadas a la zona para sofocar cualquier tipo de resistencia a la carretera. El General Gentil Noguera Paes dijo: “La carretera debe finalizarse, incluso si para ello tenemos que abrir fuego sobre esos indígenas asesinos. Ya nos han desafiado en gran medida y se están interponiendo en la construcción”. La Comisión Nacional de la Verdad de Brasil está investigando las atrocidades contra los waimiri-atroaris durante este periodo.

Tribu amenazada: para 1988 la población waimiri-atroari había caído en picado de 6.000 integrantes a solo 374. En la actualidad son más de 1.500. Se piensa que al menos un grupo de indígenas no contactados habita en su territorio.

Tribu amenazada: a solo 370 km de Manaus hay dos pueblos indígenas aislados. En Brasil viven más tribus no contactadas que en ningún otro país: FUNAI estima que hay más de 80 grupos en aislamiento voluntario. Muchos, como los kawahivas y los awás, están huyendo a medida que madereros y ganaderos armados destruyen su selva.

Un hombre waimiri-atroari enseña a los niños cómo hacer una flecha.
Un hombre waimiri-atroari enseña a los niños cómo hacer una flecha.
© Fiona Watson/Survival

Estadio de Brasilia

Tribu amenazada: a solo cinco horas en coche de Brasilia, diminutos grupos de indígenas se han estado escondiendo en la vasta tierra de matorrales espinosos. Son avá-canoeiros, cuya población es actualmente de solo veinticuatro personas: los últimos supervivientes de una orgullosa y fuerte tribu que lleva huyendo desde 1780, y que se encuentra ahora al borde de la extinción. A principios de los años 80, cientos de trabajadores de la construcción se trasladaron a la región para construir una presa hidroeléctrica en el río Tocantins, en la tierra de los avá-canoeiros.

El pantano de la presa inundó el último refugio de los indígenas y sus zonas de caza. Cuando comenzó la construcción, FUNAI organizó una misión urgente para contactar a los grupos remanentes: pronto fue evidente que muy pocos avá-canoeiros sobrevivían. Finalmente, en 1983 se estableció contacto con una pareja avá-canoeiro, Iawi y Tuia, así como con la madre y la tía de esta última, Matcha y Naquatcha respectivamente. El pequeño grupo había sobrevivido a una terrible masacre en 1962, y llevaba veinte años escondido en cuevas, en lo alto de las montañas.

Iawi y Tuia habían tenido dos hijos: Trumak y Putdjawa. Este último también tenía un hijo bebé llamado Paxeo, concebido por una mujer indígena tapirapé.

Otro pequeño grupo de avá-canoeiros, que sumaban alrededor de una docena de personas, fueron contactados en 1973. Prácticamente todos ellos tenían cicatrices de balas disparadas por pistoleros contratados por la hacienda ganadera de Camagua, propiedad de un banco brasileño. Se encontró al grupo viviendo escondido junto a un pantano, su último refugio, donde había estado su fuente de caza, ahora dividido por alambradas con pinchos; los indígenas estaban desnutridos.

La mayor parte del territorio de los avá-canoeiros fue anegado por la presa de Serra da Mesa en 1998, quince años después de haber sido contactados por primera vez.
La mayor parte del territorio de los avá-canoeiros fue anegado por la presa de Serra da Mesa en 1998, quince años después de haber sido contactados por primera vez.
© Walter Sanches/FUNAI

Estadios al nordeste, en Recife, Salvador, Fortaleza y Natal

De las veintitrés tribus de la costa nordeste, solo los fulnios mantienen su lengua.

Este área fue una de las primeras en ser colonizadas. En la actualidad es el escenario de algunos de los más amargos conflictos territoriales. Los pataxó hã hã hães han luchado por sus derechos territoriales durante décadas, en las cuales han sido objeto de la violencia y el asesinato de sus líderes.

A seis horas en coche de Salvador, los indígenas tupinambás sufren la persecución de la policía, que ha asaltado sus comunidades para expulsarlos de su tierra en favor de los ganaderos. En agosto de 2013, cuatro tupinambás fueron asesinados y sus cuerpos mutilados; veintiséis de sus hogares fueron destruidos.

Dinero

El Gobierno de Brasil ha acumulado una factura de 791 millones de dólares para pagar la seguridad durante la Copa del Mundo. Una suma similar serviría para afrontar tres veces el presupuesto anual de su Departamento de Asuntos Indígenas.

La FIFA ignora la historia de los indígenas de Brasil

En su página web, la FIFA ni siquiera menciona a los indígenas

La FIFA dice: “Oficialmente, no obstante, se considera al portugués Pedro Álvares Cabral como el descubridor de Brasil. Su flota, que zarpó rumbo a las Indias, arribó al litoral sur del actual estado de Bahía el 22 de abril de 1500.”

El líder indígena Davi Kopenawa dice: “Hoy los blancos gritan: ‘nosotros descubrimos la tierra de Brasil’. Esto no es más que una mentira. Existe desde la época en que Omame, el creador, nos creó a nosotros y lo demás. Nuestros antepasados han conocido esta tierra desde siempre. No fue descubierta por los blancos. Pero los blancos se siguen engañando a sí mismos y ¡piensan que ellos descubrieron esta tierra! ¡Como si estuviera vacía! ‘Nosotros descubrimos esta tierra. ¡Nosotros tenemos libros y por ello somos importantes!’, dicen los blancos. Pero son mentiras. Lo único que hicieron los blancos fue robar las tierras a los pueblos de la selva y destruirlos. Yo soy hijo de los antepasados yanomamis y vivo en la selva donde vivía mi pueblo cuando nací, ¡y no voy por ahí diciéndole a los blancos que la he descubierto! Yo no digo que he descubierto esta tierra porque mis ojos posen la vista sobre ella, y que por tanto la poseo. Siempre ha estado ahí, antes de todos los tiempos. Yo no digo ‘he descubierto el cielo’. Tampoco grito ‘¡He descubierto los peces y he descubierto los animales!’. Siempre han estado ahí desde el principio de los tiempos.”

Durante cientos de años los guaraníes han ido en busca de la que llaman 'tierra sin mal'. Hoy en día esto se manifiesta del modo más trágico: profundamente afectados por la pérdida de casi toda su tierra durante el último siglo, sufren una oleada de suicidios sin igual.
Durante cientos de años los guaraníes han ido en busca de la que llaman 'tierra sin mal'. Hoy en día esto se manifiesta del modo más trágico: profundamente afectados por la pérdida de casi toda su tierra durante el último siglo, sufren una oleada de suicidios sin igual.
© Sarah Shenker/Survival

Sin mencionar a los indígenas

La FIFA dice: “Brasil, un país predominantemente agrícola hasta hace poco, experimentó un rápido crecimiento industrial (…) parejo a una intensa explotación de sus recursos naturales (…) Brasil es también uno de los principales productores mundiales de caña de azúcar (…) La cría de ganado ovino y bovino también está muy presente (…) Brasil empezó hace bastante poco a desarrollar la actividad minera, una nueva muestra de su voluntad de sacar partido de sus abundantes recursos naturales.”

La realidad: la selva no es solo una “fuente de recursos naturales”, es también el hogar ancestral de centenares de miles de indígenas, y buena parte de ella les ha sido usurpada o destruida. La minería en territorio indígena se lleva desarrollando desde hace décadas.

Sin mencionar a los indígenas

La FIFA dice:“Brasil tiene aproximadamente 190 millones de habitantes, que lo convierten en el quinto país más poblado del planeta. Casi un 75% de los brasileños son católicos, mientras que unos 26 millones de personas son protestantes. La comunidad judía, comparativamente, es muy reducida.”

“La lengua oficial es el portugués. Sin embargo, muchos brasileños hablan otros idiomas, según sus orígenes. El alemán y el italiano, por ejemplo, están bastante extendidos en las ciudades del sur.”

La realidad:la gran mayoría de las lenguas que se hablan en Brasil son indígenas; hay más de doscientas.

Y los indígenas de Brasil tienen, incluso, sus propias versiones de fútbol…

Algunos pueblos indígenas de Brasil tienen sus propios deportes similares al fútbol.

Los parecis, por ejemplo, que viven a 100 km del estadio de Cuiabá, juegan al xikunahity. En este juego hay dos equipos de diez jugadores. Se distribuyen por una cancha de tierra con forma rectangular de tamaño similar a un campo de fútbol y luchan por evitar que la pelota, hecha a partir de la fruta de mangaba, caiga al suelo empleando únicamente la cabeza. Por lo general, una comunidad pareci reta a otra a jugar. Cada jugador lleva consigo instrumentos como anzuelos de pesca y se hacen apuestas.

Los enawene nawes, que viven a 400 km de Cuiabá, también practican una especie de fútbol con la cabeza.

Hombre enawene nawe jugando al fútbol de cabeza.
Hombre enawene nawe jugando al fútbol de cabeza.
© Survival

Coca-Cola, patrocinadora de la Copa del Mundo, utiliza la imagen de indígenas para promover su refresco. Pero está implicada en la lucha territorial indígena.

Coca-Cola tiene un anuncio con imágenes de sonrientes indígenas que beben el refresco. Pero la firma se surte del azúcar del gigante alimenticio Bunge, que por su parte compra caña de azúcar procedente de tierra robada a los guaraníes.

Un portavoz guaraní declaró: “Coca-Cola debe dejar de comprar azúcar a Bunge. Mientras estas empresas se benefician, nosotros nos vemos forzados a sufrir hambre, miseria y asesinatos”.

Los guaraníes denuncian a Coca-Cola.
Los guaraníes denuncian a Coca-Cola.
© Survival

Coca-Cola utiliza la imagen de un indígena sonriente. Sin embargo, se surte de azúcar del gigante alimenticio Bunge, que a su vez compra caña de azúcar procedente de tierra robada a los guaraníes.

Y ahora, ¡actúa!

Los indígenas aislados de Brasil necesitan tu ayuda. Sin apoyo del exterior, tienen muy pocas probabilidades de supervivencia.

En Brasil viven más pueblos indígenas aislados que en cualquier otro lugar del planeta. Son las personas más vulnerables del país.

Dependen por completo de su selva para sobrevivir, pero la mayor parte está siendo arrasada por la tala, la ganadería, las megapresas, las carreteras, las exploraciones de hidrocarburos, etc. El Gobierno y los terratenientes planean abrir sus tierras aún más a faraónicos proyectos industriales.

Estos proyectos y las oleadas de trabajadores y colonos que atraen amenazan con exterminar por completo a comunidades no contactadas. Este ha sido el trágico destino de incontables tribus desde que los europeos colonizaron Brasil hace 500 años.

Solo con sus tierras intactas y protegidas para su uso exclusivo, los pueblos indígenas aislados sobrevivirán. Esta es una de las crisis humanitarias más urgentes y horribles de nuestro tiempo.

Por favor, escribe al Gobierno para que actúe ya.

Los indígenas aislados de Brasil son las personas más vulnerables del país.
©Gleison Miranda/FUNAI/Survival

Averigua más…

Si quieres saber más sobre la historia de los indígenas de Brasil, lee el informe de Survival “Desheredados”, que hace un recorrido por su historia desde la invasión de los europeos hasta el año 2000, o visita nuestra sección sobre los indígenas de Brasil.

Y, si puedes, dona o asóciate…

Ayúdanos a que Brasil, y muchos otros gobiernos del mundo, se responsabilicen de sus acciones, cumplan con sus obligaciones legales y dejen vivir a los indígenas en su tierra en paz y en libertad.

Survival solo puede continuar su importante trabajo con tu solidaridad. Por favor, contribuye con lo que puedas. No hay cantidad pequeña, incluso 5€ ayudan.