Los sentineleses

Los sentineleses son un pueblo indígena aislado que habita en Sentinel del Norte, una de las islas de Andamán, en el océano Índico. Rechazan rotundamente todo contacto con foráneos.

Es vital que se respete su deseo de permanecer sin contactar; de no hacerlo toda la tribu podría ser aniquilada por enfermedades frente a las que no tienen inmunidad. El contacto impuesto a otros pueblos indígenas de las Andamán ha tenido consecuencias catastróficas.

A raíz de una campaña de Survival y de organizaciones locales, el Gobierno de la India abandonó sus planes de contactar a los sentineleses.

Survival trabaja ahora para garantizar que su postura actual, de no intentar nuevos contactos con la tribu, se mantenga.

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Los sentineleses captaron la atención internacional tras el tsunami de 2004 en Asia, cuando uno de los miembros de la tribu fue fotografiado en una playa, disparando flechas a un helicóptero que estaba comprobando si se encontraban a salvo.

A raíz del tsunami de 2004, este sentinelés fue fotografiado disparando flechas al helicóptero que sobrevolaba la isla que habita su tribu.
A raíz del tsunami de 2004, este sentinelés fue fotografiado disparando flechas al helicóptero que sobrevolaba la isla que habita su tribu.
© Indian Coastguard/Survival

Los sentineleses viven en su pequeña isla cubierta de selva, Sentinel del Norte, que es aproximadamente del tamaño de Manhattan. Continúan resistiéndose a cualquier contacto con foráneos, atacando a cualquiera que se acerque. En 2006, dos pescadores indios, que habían amarrado su barco cerca de Sentinel del Norte para dormir después de pescar furtivamente en las aguas alrededor de la isla, fueron asesinados cuando su barco se soltó y fue arrastrado hasta la orilla. Se sabe que los pescadores furtivos pescan ilegalmente en aguas alrededor de la isla, capturando tortugas y buceando en busca de langostas y pepinos de mar.

La isla de Sentinel del Norte, hogar de los sentineleses, vista desde arriba.
La isla de Sentinel del Norte, hogar de los sentineleses, vista desde arriba.
© Survival

La mayor parte de lo que conocemos de los sentineleses ha sido recogido observándoles desde barcos amarrados más allá de lo que alcanzan las flechas desde la orilla y durante breves periodos en los que los sentineleses permitieron a las autoridades acercarse lo suficiente para entregarles algunos cocos. Incluso se desconoce cómo se denominan a sí mismos.

Los sentineleses cazan y recolectan en la selva, y pescan en las aguas de la costa. A diferencia de la vecina tribu jarawa, construyen embarcaciones – canoas muy estrechas, descritas como “demasiado estrechas como para que quepan dos pies en ellas”. Sólo se pueden utilizar en aguas poco profundas ya que son dirigidas e impulsadas con una especie de pértiga.

Se cree que los sentineleses viven en tres pequeñas comunidades. Tienen dos tipos diferentes de casas: largas cabañas comunales con varias hogueras para diferentes familias, y refugios más temporales, sin paredes laterales, que pueden verse a veces en la playa, con espacio para una familia nuclear.

Las mujeres visten cuerdas atadas alrededor de la cintura, cuello y cabeza. Los hombres también llevan collares y cintas en la cabeza, pero con cinturones más anchos. Los hombres llevan lanzas, arcos y flechas.

Los sentineleses disfrutan de un estado de salud excelente, a diferencia de sus vecinas tribus en las Andamán cuyas tierras han sido destruidas.
Los sentineleses disfrutan de un estado de salud excelente, a diferencia de sus vecinas tribus en las Andamán cuyas tierras han sido destruidas.

© Survival International

Aunque a menudo se les describe en los medios de comunicación como pertenecientes a la “Edad de Piedra” esto no es verdad. No existe ninguna razón para creer que los sentineleses hayan vivido de la misma forma durante los miles de años que probablemente llevan habitando las islas Andamán. Sus modos de vida habrán cambiado y se habrán adaptado muchas veces, como todos los pueblos. Por ejemplo, ahora utilizan metal que ha sido arrastrado o que han recuperado de barcos hundidos en los arrecifes de la isla. Afilan el hierro y lo utilizan para las puntas de flechas.

Por lo que se puede ver desde la distancia, es evidente que los isleños sentineleses están sanos, alerta y son prósperos, en claro contraste con los onges y los granandamaneses a quienes los británicos intentaron llevar la “civilización”. Las personas que se ven en las costas de Sentinel del Norte parecen orgullosas, fuertes y saludables y los observadores siempre han visto a muchos niños y mujeres embarazadas.

Sentineleses montan guardia en una playa de la isla.
Sentineleses montan guardia en una playa de la isla.

© Christian Caron – Creative Commons A-NC-SA

A finales del siglo XIX, M.V Portman, el oficial británico a cargo de los andamaneses, desembarcó, acompañado de un amplio equipo, en la isla de Sentinel del Norte con la esperanza de contactar a los sentineleses. El equipo incluía rastreadores de tribus andamanesas que ya habían tenido contacto con los británicos, oficiales y convictos.

Encontraron pueblos recién abandonados y caminos pero no se veía a los sentineleses por ninguna parte. Pasados unos días se cruzaron con una pareja de ancianos y algunos niños a los que se llevaron “en aras de la ciencia” a Port Blair, la capital de la isla. Como era de esperar, pronto enfermaron y los adultos murieron. Los niños fueron llevados de vuelta a la isla con una serie de regalos.

No se sabe cuántos sentineleses enfermaron como resultado de esta “ciencia” pero probablemente los niños transmitieron las enfermedades con devastadoras consecuencias. Es pura conjetura, pero ¿pudiera ser esta experiencia la causa de la hostilidad continuada de los sentineleses y su rechazo a los foráneos?

Durante los años 70 las autoridades indias realizaron viajes ocasionales a Sentinel del Norte en un intento de ganarse la amistad de la tribu. Normalmente se organizaban bajo las órdenes de los dignatarios que querían una aventura. En una de estas expediciones dejaron en la orilla dos cerdos y una muñeca. Los sentineleses cazaron con sus lanzas a los cerdos y los enterraron junto con la muñeca. Estas visitas se volvieron más regulares en los ochenta; los equipos intentaban desembarcar en lugares fuera del alcance de las flechas y dejaban regalos como cocos, plátanos y trozos de hierro. A veces los sentineleses parecían hacer gestos amistosos; otras veces se llevaban los regalos a la selva y después disparaban flechas al grupo que intentaba establecer contacto.

Sentineleses recogiendo cocos durante un breve período de tiempo en el que aceptaban regalos.
Sentineleses recogiendo cocos durante un breve período de tiempo en el que aceptaban regalos.

© Survival International

Aparentemente, en 1991 se produjo un avance. Cuando los funcionarios llegaron a Sentinel del Norte la tribu les hizo una señal para que les trajesen los regalos y entonces, por primera vez, se acercaron sin sus armas. Incluso se metieron en el agua y fueron hacia los barcos para recoger más cocos. Sin embargo, este contacto amistoso no duró mucho; aunque las expediciones para llevar regalos continuaron durante algunos años, los encuentros no siempre fueron amigables. En ocasiones los sentineleses apuntaron con sus flechas al grupo que intentaba establecer contacto, y en una ocasión atacaron una embarcación de madera con sus azuelas (hachas de piedra para cortar madera). Nadie sabe por qué los sentineleses primero abandonaron y después retomaron su hostilidad hacia las misiones de contacto, ni si alguno murió como resultado de enfermedades contagiadas durante esas visitas.

En 1996 las misiones regulares de entrega de regalos terminaron. Muchos funcionarios empezaron a cuestionar la lógica de intentar contactar a un pueblo que está sano y contento y que ha vivido prósperamente de manera independiente durante más de 55.000 años. El contacto amistoso solo tuvo consecuencias devastadoras para los granandamaneses. Un contacto prolongado con los sentineleses habría tenido casi con toda seguridad trágicas consecuencias.

En los años posteriores solo se llevaron a cabo visitas ocasionales, de nuevo con respuestas diferentes. Tras el tsunami de 2004, funcionarios del Gobierno realizaron dos visitas para comprobar, desde la distancia, que la tribu parecía estar sana y que no sufría de forma alguna. Entonces declararon que no intentarían nuevos contactos con los sentineleses.

Contactando a los sentineleses

Imágenes de uno de los muchos intentos del Gobierno indio de establecer contacto con los aislados sentineleses, creando una dependencia mediante regalos del exterior, como los cocos. Tras las protestas de Survival y de simpatizantes locales, dichos viajes de contacto han concluido oficialmente, puesto que ponen en grave riesgo a ambas partes.

Su extremado aislamiento les hace muy vulnerables a enfermedades frente a las que no son inmunes, lo que significa que el contacto tendría muy probablemente consecuencias nefastas para ellos.

Tras una campaña de Survival y organizaciones locales, el Gobierno indio abandonó los planes de contactar a los sentineleses y su postura actual es la de no intentar de nuevo el contacto con la tribu.

Se llevan a cabo controles periódicos, desde barcos anclados a una distancia segura de la costa, para asegurar que los sentineleses están bien y que no han decidido establecer contacto.

Actúa ahora para ayudar a Los sentineleses

El trabajo de Survival por los sentineleses se centra en presionar a la India para detener la pesca furtiva ilegal en sus aguas y garantizar que los funcionarios mantienen la política de no contacto. Tu apoyo es vital para la supervivencia de este pueblo indígena aislado. Te proponemos diversas formas de colaborar: