Obituario: Ambrósio Vilhalva, 1960-2013 16 diciembre 2013

Ambrósio Vilhalva, 1960-2013
Ambrósio Vilhalva, 1960-2013

© Fiona Watson/Survival

Uno de los líderes indígenas más prominentes de Brasil, Ambrósio Vilhalva, fue apuñalado hasta morir cerca de su comunidad, al sur de Brasil. Tenía 53 años de edad.

Aunque los detalles sobre su asesinato siguen siendo confusos y hay versiones contradictorias, muchos piensan que su muerte fue a instancias de los terratenientes que han ocupado el territorio de su pueblo.

Su corpulencia y presencia física causaban un impacto instantáneo. Destacaba por su tendencia a filosofar y disfrutaba exponiendo sus puntos de vista sobre el universo mientras bebía tereré (el siempre presente té del sur de Brasil y sus alrededores) del cuerno de una vaca. Su actitud tolerante enmascaraba una voluntad férrea y una determinación profunda para luchar por aquello en lo que creía: la tierra, sobre todas las cosas, y la justicia para su pueblo.

La vida de Ambrósio es un reflejo de la de tantos otros guaraníes. Su comunidad, Guyra Roká o “El Lugar del Pájaro”, fue expulsada de su tekhoà o tierra ancestral en la década de los años 40 y 50 por terratenientes y granjeros, y empujada a vivir en una diminuta reserva todavía ya sobrepoblada con cientos de refugiados guaraníes. La violencia, el suicidio y la malnutrición se extendieron rápidamente.

Este patrón se ha venido repitiendo por todo el sur de Brasil, donde los guaraníes, que suman unas 50.000 personas, han presenciado impotentes el robo del 99% de lo que una vez fuera su verde territorio. Sin tierra que cultivar y sin medios para mantenerse por sí mismos, los guaraníes registran en la actualidad una de las tasas de suicidio más elevadas del mundo.

Como muchos, Ambrósio y su comunidad soñaban con regresar a su tekohà. En el año 2000, liderados por Ambrósio y por su padre, Papito (su rezador y líder religioso) la comunidad se trasladó fuera de la reserva y acampó junto al borde de una carretera cerca de su tierra, ahora deforestada, vallada y cubierta por un manto de interminables plantaciones de caña de azúcar. La vida allí también era desalentadora: sus refugios de lona desvencijada siempre estaban cubiertos por el polvo que levantaban los camiones que circulaban día y noche a toda velocidad. Los niños estaban desnutridos y los adultos se veían forzados a buscar trabajo en las haciendas que ocupaban su tierra.

Cansados de esperar a que el Gobierno actuara, Ambrósio y Papito lideraron tres intentos de reocupar su tierra, algo que finalmente consiguieron en el año 2004. Esquivando a los pistoleros de los terratenientes, la comunidad se asentó en un minúsculo pedazo de tierra, donde plantaron sus cultivos en medio de las plantaciones de caña de azúcar. Gracias, principalmente, a la incansable y apasionada defensa de Ambrósio, el ministro de Justicia de Brasil reconoció finalmente Guyra Roká como tierra guaraní en 2009. Pero esta fue una victoria de papel, ya que los propietarios se negaron a moverse y a fecha de hoy siguen ocupando esta zona. El mayor y más poderoso de ellos es Zé Teixeira, un congresista del estado.

Ambrósio fue catapultado a la fama internacional en 2008 a raíz de su interpretación de un papel protagonista en Birdwatchers, galardonada película documental de Marco Bechis que llamaba la atención sobre el amargo conflicto entre terratenientes y guaraníes. Con su amor por el lenguaje y su arrebatadora presencia, la interpretación de Ambrósio resultaba muy natural. El director de la película desveló más tarde que llegado un punto se saltó el guión y dejó que los guaraníes hablaran en las diferentes escenas a su antojo.

Ambrósio estuvo presente durante la presentación de la película en el Festival de Cine de Venecia de 2008, junto a otros actores guaraníes. Habló de la larga lucha del pueblo guaraní por sus derechos territoriales y por la igualdad en uno de los estados más ricos y violentos de Brasil. “Esta es una gran película, ya que las personas pueden observar quiénes son los indígenas realmente y ver sus problemas”, declaró Ambrósio.

Proféticamente, le dijo a una investigadora de Survival que lo acompañaba: “Estoy marcado. Cuando regrese a mi tierra vendrán a por mí”.

En un giro sombrío del destino, la ficción devino en realidad. El personaje que interpreta Ambrósio es brutalmente asesinado mientras dirige a su pueblo de regreso a su tierra en la oscuridad de la noche para evitar a los sicarios de los terratenientes.

Aunque llevó con versatilidad sus quince minutos de fama y recorrió la bella Venecia con su calabaza de tereré siempre en la mano, no fue fácil regresar a la absoluta miseria, a padecer las constantes amenazas de muerte de las patrullas de hombres armados y el total abandono del estado brasileño.

Ambrósio es el último de una larga lista de líderes guaraníes perseguidos sistemáticamente por su activismo. Desde la reocupación, había recibido amenazas de muerte, y la presencia intimidatoria de pistoleros patrullando alrededor de la comunidad le llevaron a no aventurarse apenas fuera de la misma. El personal sanitario de la agencia de salud gubernamental, que supuestamente tenía que realizar visitas regulares, dejó de acudir y abandonó a su suerte a la comunidad. Todo esto, sin duda, afectó negativamente a su salud y familia.

Cuando se marchaba, Ambrósio solía decir_ Ñe’e porã, tape puku, tape porã_, que significa “Buena conversación, un largo camino, un bonito camino.”

Ambrósio deja una mujer, María, a su padre, Papito, y varios hijos y nietos.

 

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