En 2005, la mayoría de los niños guaraní mbyá de Iguazú, Argentina, padecía malnutrición. Al año siguiente, 20 niños murieron de inanición en sólo tres meses. Estos indígenas pierden anualmente el 10% de sus tierras, y no pueden cultivar suficientes alimentos.
Al otro lado de la frontera se encuentra una de las regiones más ricas de Brasil, donde viven unos 11.000 indígenas guaraní, hacinados en un area que apenas puede mantener a 300. Sus hijos están muriendo de hambre. Casi ningún otro pueblo ha logrado sobrevivir a una pérdida tan extrema de tierras.
La selva, de donde los guaraní obtenían su alimento, está siendo talada a gran velocidad para crear haciendas de ganado y plantaciones de soja y caña de azúcar. La respuesta gubernamental consiste en repartir aceite, arroz y harina, pero los indígenas ya ni siquiera encuentran la leña necesaria para cocinar estas escasas raciones.
Los pueblos indígenas que eligen su propio modo de vida en su propia tierra pueden pasar hambre ocasionalmente, pero la malnutrición es inusual. Los guaraní necesitan recuperar sus tierras, o de lo contrario, no sobrevivirán.
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