Los pueblos indígenas sin tierras se ven forzados a adoptar una vida sedentaria y muchos se hacen dependientes de las comidas procesadas. Este cambio en el modo de vida y en la dieta –de hiperproteica a hiperlipídica– suele ser desastroso, provocando obesidad, hipertensión sanguínea y diabetes.
En la reserva de Pima (Arizona), más de la mitad de los indígenas mayores de 35 años son diabéticos; esta patología se da mucho menos entre quienes viven en las montañas. La Federación Internacional de Diabetes predice que el sobrepeso y la diabetes provocarán “muertes y discapacidades prematuras”. Si no se tratan o si se detectan tarde –como suele ocurrir entre los indígenas- la diabetes puede causar ceguera, complicaciones renales, infartos cerebrales, enfermedades cardíacas y amputaciones. El impacto en generaciones futuras será catastrófico.
‘Los costes humanos del desarrollo desenfrenado en nuestras tierras,ya sea en forma de intenso crecimiento hidroeléctrico o
de irresponsables operaciones forestales, no nos sorprenden.
La diabetes es el resultado de la destrucción de nuestro modo de
vida tradicional y la imposición de una economía del bienestar.
Ahora vemos cómo una de cada siete mujeres embarazadas de
la etnia cree padece esta enfermedad, y nuestros hijos nacen con un alto riesgo o ya enfermos’
Matthew Coon-Come, indígena cree, 2002