Los indígenas yanomami de la Amazonia sufrieron una gravísima crisis en las décadas de los ochenta y noventa, cuando su territorio fue invadido por mineros que introdujeron violencia y enfermedades. El 20% murió en siete años. La asistencia del Gobierno brasileño tuvo poco éxito: lo que los yanomami necesitaban para sobrevivir y recuperarse era su tierra y su propia asistencia sanitaria.

Sucedió. En 1992, tras una campaña de 23 años liderada por Survival y la Comisión Pro-Yanomami (CCPY), se creó el Parque Yanomami. Esto dio a los indígenas del Amazonas el control sobre, al menos, 10 millones de hectáreas de selva. Durante este período, se reclutó a personal médico independiente para que trabajara junto con los tradicionales curanderos yanomami. Esta nueva iniciativa sanitaria, Urihi –respaldada por Survival– redujo a la mitad el número de muertes.

En 2004, el Gobierno brasileño asumió la asistencia sanitaria por decreto. El gasto se duplicó, pero las enfermedades se dispararon. Algunas comunidades vieron la malaria cerebral letal multiplicarse por cuatro.

El modelo apropiado de asistencia sanitaria para pueblos indígenas está ensayado, comprobado, y es más barato que otras alternativas: los foráneos deben tratar con respeto al pueblo y a su conocimiento; integrantes de la comunidad deben formarse para ofrecer tratamientos lo más especializados posible; y los trabajadores sanitarios foráneos deben construir una relación de apoyo mutuo con las comunidades en las que trabajan.

Los pueblos indígenas que viven en libertad en su propia tierra y toman decisiones sobre sus propias vidas, disfrutan de una salud mucho mejor que aquéllos a quienes se ha desarraigado y se les ha impuesto el “progreso”. Si sufren enfermedades introducidas desde el exterior, necesitan una adecuada asistencia sanitaria, proporcionada con respeto y sensibilidad.

Los pueblos indígenas sufren los efectos del racismo y de un choque de culturas cuando sus vínculos con su tierra e identidad se han roto. Ayudarles a reconstruir esos vínculos constituye el remedio más efectivo y eficiente de todos.

Es de sentido común, pero el principal obstáculo al que hacen frente los pueblos indígenas es la arcaica idea – que sostienen muchas organizaciones de ayuda y gobiernos– de que su principal problema es su falta de progreso. No lo es.

‘No es que los yanomami no quieran el progreso u otras cosas que tienen los hombres blancos. Lo que quieren es poder elegir, y que el cambio no les venga impuesto, lo deseen o no.’
Davi Kopenawa, chamán yanomami, Brasil, 2003
 

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