Los yanomamis de la comunidad de Palimiú huyen cuando los mineros ilegales abren fuego contra ellos desde un barco.

Los yanomamis de la comunidad de Palimiú huyen cuando los mineros ilegales abren fuego contra ellos desde un barco.

© Survival

Los yanomamis afrontan una grave crisis humanitaria. En los últimos meses varias comunidades han sufrido numerosos y violentos ataques a manos de mineros de oro fuertemente armados que operan ilegalmente en su territorio. Como consecuencia de uno de estos ataques en la comunidad de Palimiú, dos niños pequeños que trataban de escapar se ahogaron en el río.

El pasado 5 de junio un grupo grande de mineros entraron en la comunidad de Maikohipi y lanzaron gas lacrimógeno, forzando a los yanomamis a huir a la selva.

Otra comunidad, Walomapi, ha sufrido ataques constantes desde el pasado 10 de mayo, según el organismo de salud indígena Condisi-YY. El último fue el 8 de junio, cuando mineros dispararon a cazadores yanomamis que tuvieron que sumergirse en el río y bucear para escapar.

El presidente de Condisi-YY, Junior Hekurari Yanomami, declaró: “La situación es caótica (…) las autoridades deben actuar urgentemente (…) y hacer cumplir la Constitución brasileña”.

Desde el 30 de abril, organizaciones yanomamis han dirigido seis llamamientos desesperados a las autoridades. Un juez federal dictaminó el 12 de mayo que las autoridades debían tener presencia permanente en la región de Palimiú para garantizar la seguridad de las comunidades yanomamis. El 24 de mayo un juez del Tribunal Supremo ordenó que el Gobierno adoptara inmediatamente “todas las medidas necesarias para proteger las vidas, la salud y la seguridad de los yanomamis”. La ONU y la OEA también han condenado la violencia y han instado a las autoridades a actuar con urgencia, pero estas apenas han reaccionado.

Según Dario Kopenawa, vicepresidente de la Asociación Yanomami Hutukara: “Cada día, los yanomamis sufren intimidaciones. Hay mucho hostigamiento, amenazas de muerte, gritos, armas de fuego, disparos con gases lacrimógenos. Las autoridades nunca han enviado a las fuerzas de seguridad de forma permanente… Las autoridades no han atendido nuestras peticiones [de protección y expulsión de los mineros]. La situación es muy tensa”.

Las comunidades yanomamis no contactadas son muy vulnerables a los ataques y a las enfermedades que transmiten los mineros, y cada vez se teme más por su seguridad.

Mineros de oro han sido avistados cerca de los moxihatateas (yanomamis no contactados). Arriba, una de las casas comunales de los moxihatateas, vista desde el aire.

Mineros de oro han sido avistados cerca de los moxihatateas (yanomamis no contactados). Arriba, una de las casas comunales de los moxihatateas, vista desde el aire.
© Guilherme Gnipper Trevisan/FUNAI/Hutukara

Los impactos sociales y medioambientales de la invasión son inmensos: 20.000 mineros están contaminando los sistemas fluviales con mercurio altamente tóxico. Varios estudios han demostrado que algunas comunidades yanomamis de las zonas mineras presentan niveles de intoxicación por mercurio muy superiores al límite recomendado por la OMS.

Los buscadores de oro también están destruyendo la selva: un informe reciente de Hutukara revela que 2.400 hectáreas de selva han sido destruidas. En 2020, la deforestación aumentó un 30%.

El líder yanomami y chamán Davi Kopenawa, presidente de la Asociación Yanomami Hutukara, dijo: “Puedes ver el agua sucia, el río amarillento, pozos por todas partes. Estos buscadores son como los cerdos de las grandes granjas: cavan muchos agujeros en busca de piedras preciosas como oro y diamantes. Al final regresan. Hace veinte años, conseguimos alejar a estos invasores y volvieron. Llegan como bestias hambrientas, buscando la riqueza de nuestra tierra. Están avanzando muy rápido”.

Los mineros también están propagando la malaria y la COVID-19. En los últimos cinco años los casos de malaria han aumentado un 500%, y solo en 2020 el departamento de salud indígena registró 20.000 casos de la enfermedad. A ello se le suma que más de un tercio de la población total de yanomamis podría haber estado expuesta también al coronavirus, lo que conforma una combinación letal con consecuencias devastadoras para su salud y su capacidad de alimentarse. Los niños yanomamis están muriendo de malaria, neumonía y desnutrición.

Survival International lleva 50 años trabajando estrechamente con los yanomamis. Nuestra directora de investigación, Fiona Watson, que los conoce bien, tiene disponibilidad para entrevistas: [email protected]

Actúa y apoya a los yanomamis: svlint.org/StopMining