Los ogiek son cazadores-recolectores; algunos viven en el interior de la selva, exclusivamente de la caza y la recolección, aunque la mayoría también cultiva vegetales y cría ganado. Tradicionalmente han cazado animales como el antílope o el cerdo salvaje, cuya caza es ahora ilegal por lo general.
Recolectan no sólo plantas silvestres, sino también miel de las colmenas que fabrican en troncos huecos, colocándolas en las ramas más altas de los árboles de la selva.
Los árboles que se encuentran a distintas altitudes en las laderas de la montaña florecen en épocas distintas, lo que significa que los ogiek pueden recolectar miel durante todo el año.
Su sabor varía según el momento y lugar de recolección. Esta miel tiene un papel central en la sociedad ogiek: se usa como alimento y para fabricar cerveza, así como para comerciar con los pueblos vecinos que viven fuera de la selva.
Desde la época colonial se han dado intentos de expulsar a los ogiek de su selva ancestral, normalmente con el pretexto de que están degradándola. Pero cuando se expulsa a los ogiek, su selva no se protege, sino que es explotada mediante la tala y las plantaciones de té, algunas de ellas propiedad de funcionarios del Gobierno.
En algunas zonas de la selva de Mau hay grupos de ogiek que se resisten a la expulsión, mientras en otras han de enfrentarse a la llegada de colonos a su tierra.
La amenaza más grave que les afecta en la actualidad tiene su origen en el plan del Gobierno de abrir en torno a una décima parte de los bosques de Kenia – la mayor parte, en la selva de Mau – a la explotación de no indígenas. Esto allana el camino a más colonos, madereros y plantaciones de té.
Survival apoya la lucha de los ogiek para impedir la entrega de su selva a colonos e intereses comerciales, que garantizarían su destrucción y privarían a los ogiek tanto de su tierra como de su modo de vida.