Los zo'és

Saliendo poco a poco del aislamiento

Los zo’és, a los que identificamos rápidamente por los largos palos que llevan en el labio inferior, mantuvieron su primer encuentro con foráneos en 1987, cuando misioneros evangélicos los contactaron. Diezmados por la enfermedad poco después, su población vuelve a crecer de nuevo.

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Amenaza creciente

Los zo’és siguen siendo una tribu muy vulnerable. Su población es pequeña y son extremadamente propensos a contraer cualquier enfermedad común frente a la que no han tenido tiempo de hacerse inmunes.

Hasta la fecha, su territorio se ha mantenido relativamente libre de invasiones y en 2009 fue oficialmente ratificado por el Gobierno para su ocupación y uso exclusivos.

Sin embargo, existe una creciente presión sobre la tierra de los zo’és por parte de cazadores, mineros y de los cientos de recolectores de nueces que amenazan las ricas reservas de los árboles nuez de Brasil. También hay misioneros evangélicos que intentan acceder a su territorio. Cualquier incursión de foráneos podría entrañar graves riesgos para la salud de una tribu tan aislada.

Los cultivos de soja situados al sur del límite del territorio zo’é avanzan constantemente hacia el norte, y se teme que pueda ser difícil mantener a los agricultores fuera de este amplio territorio, a menos que se lleve a cabo un riguroso programa de protección territorial.

En muchas zonas de la Amazonia las plantaciones de soja han provocado una grave deforestación.
En muchas zonas de la Amazonia las plantaciones de soja han provocado una grave deforestación.
© Rodrigo Baleia/Survival

Los zo’és son curiosos, y desean ver y comprender el mundo que hay más allá de sus fronteras. En febrero de 2011, por primera vez, un grupo de zo’és viajó a Brasilia, la capital de Brasil, para reunirse con varios órganos gubernamentales.

Hablaron de sus preocupaciones por la presión sobre su territorio y dejaron claro que desean participar activamente en un programa para protegerlo. También manifestaron su deseo de contar con un programa educativo adaptado a sus necesidades, así como de otro que forme a los zo’és como agentes sanitarios.

El reto es ser capaces de ayudar a los zo’és a entender e interactuar de forma igualitaria con el mundo exterior, sin comprometer su salud ni su tierra.

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