La tala y las plantaciones de palma de aceite destruyen su selva
Los indígenas cazadores-recolectores penan de Sarawak, en la parte malasia de la isla de Borneo, están luchando para detener la destrucción de lo que queda de sus selvas y su modo de vida.
Los derechos territoriales de los penan no están reconocidos y sus selvas están siendo deforestadas por las madereras, las plantaciones de palma de aceite y las presas hidroeléctricas, privándoles de sus medios de supervivencia.
El Gobierno de Malasia asegura que Sarawak está siendo talada de forma sostenible, pero en realidad sus selvas están siendo destruidas a uno de los ritmos más frenéticos del mundo.

Con la tala de la selva, los ríos se vuelven ciénagas matando a los peces. La caza huye asustada a lo profundo de las pocas selvas que quedan y los cazadores penan regresan a casa con las manos vacías.
Cuando los bosques comienzan a crecer, lo único que nacen son espesos matorrales. Los senderos que los penan han recorrido durante generaciones han desaparecido.
Las empresas madereras de Malasia, entre las que se incluyen Samling, Interhill y Shin Yang, trabajan con el respaldo absoluto del gobierno estatal.
Algunos trabajadores de estas empresas han amenazado de muerte a los penan si seguían resistiéndose y otros están acusados de violar a niñas y mujeres penan.
En las zonas donde se han cortado todos los árboles grandes y antiguos, las empresas, especialmente Shin Yang, están clareando lo que queda de selva para preparar el terreno a las plantaciones de palma de aceite (el aceite de palma se usa como biocombustible y en muchos alimentos y cosméticos).
Las plantaciones generan aún más problemas que la tala a los penan, porque una vez que la tierra está cubierta de palma de aceite, a ellos ya no les queda nada.
Con la pérdida de sus selvas, los penan se están viendo abocados a la pobreza, y tienen mala salud debido a una dieta pobre y al agua contaminada.