A principios de año falleció Jakarewyj, una mujer indígena awá, que será recordada por su extraordinaria vida y su incansable lucha por vivir como quería: en aislamiento.

Jakarewyj yace muy enferma en la hamaca, acompañada de su hermana Amakaria, abril de 2015. Jakarewyj contrajo la gripe y una enfermedad respiratoria grave a raíz de la invasión de sus tierras por madereros ilegales que la forzaron a marcharse de su selva.
Jakarewyj yace muy enferma en la hamaca, acompañada de su hermana Amakaria, abril de 2015. Jakarewyj contrajo la gripe y una enfermedad respiratoria grave a raíz de la invasión de sus tierras por madereros ilegales que la forzaron a marcharse de su selva.

© Survival International, 2015

A principios de año falleció una increíble mujer indígena de la tribu amazónica de los awás, en Brasil.

Es muy poco lo que sabemos de ella, pero sí que se llamaba Jakarewyj. También que junto a su hermana Amakaria vivió una vida extraordinaria y, en muchos aspectos, trágica.

Durante largo tiempo ambas formaron un equipo en la selva junto a Irahoa, el hijo de Jakarewyj. Cazaban y buscaban alimentos para sobrevivir. Eran indígenas aislados que rechazaban el contacto con la sociedad mayoritaria, e incluso con sus vecinos awás ya contactados. Así lo escogieron.

Pero en 2014 sus vidas dieron un giro repentino. La invasión de madereros los forzó a marcharse de su selva y a establecer contacto con miembros ya contactados de la tribu awá. Habían enfermado gravemente de gripe y tuberculosis frente a las que no tenían inmunidad porque las trajeron los foráneos consigo. “Estábamos asustados (…), estábamos atrapados”, cuenta Irahoa.

Cuando se encontraban al borde de la muerte, las dos hermanas fueron trasladadas de urgencia en helicóptero hasta el hospital más cercano. Ello fue posible gracias a que Survival dio la señal de alarma y la opinión pública, indignada, presionó para que el Gobierno de Brasil actuara. Poco a poco, las dos mujeres awás lograron recuperarse y finalmente pudieron regresar a la selva.

Al principio volvieron a la comunidad awá sedentarizada con la que entraron en contacto. Pero en 2016, Amakaria y Jakarewyj decidieron regresar a su hogar en lo profundo de la Amazonia y retomar sus vidas en aislamiento. Cuando se marchaban, cubrieron sus rastros para que no las pudieran seguir. Irahoa se quedó con sus familiares contactados.

Rosana Diniz, de la organización de derechos indígenas brasileña CIMI, declaró en aquel momento: “Debemos respetar su decisión de regresar a la selva. Es su deseo. Las dos señoras están viviendo en un lugar que, aunque es peligroso, es conocido y amado por ellas”.

Survival y todas las personas que, desde todos los rincones del mundo, seguíamos con atención esta dramática historia recibimos la noticia de su marcha con liberación. Las hermanas habían conseguido sobrevivir y emprender un extraordinario viaje de regreso a su vida nómada en la selva: la vida que habían elegido.

Sin embargo, la noticia del fallecimiento de Jakarewyj nos sobrecogió y entristeció profundamente. Amakaria halló el cuerpo sin vida de su hermana en su hamaca. Traumatizada, recorrió la selva sola durante semanas antes de regresar junto a sus familiares awás ya contactados.

Survival visitó recientemente a Amakaria, y nos relató estos tristes momentos:

“Cuando regresamos a la selva, Jakarewyj se puso muy enferma. Pasaba todo el tiempo tumbada en su hamaca. Yo cazaba para las dos. Un día, mientras cazaba un caimán, escuché el sonido de un disparo… Un no indígena había disparado en su dirección, casi seguro para asustarla, pensando que estaba dormida. Aguardé a que se despertara, y entonces me di cuenta de que estaba muerta.”

Es difícil imaginar la angustia que sintió entonces Amakaria, compañera de vida de su hermana Jakarewyj. Parece probable que Jakarewyj llevara ya un tiempo muerta en la hamaca y que falleciera a causa de la enfermedad que contrajo de las mafias madereras. Pero la crueldad de los invasores queda plasmada por ese disparo al cuerpo sin vida de esta mujer postrado en la hamaca. Amakaria logró escapar con vida.

El caso de estas dos hermanas ilustra la situación tan apremiante que afrontan en la actualidad los pueblos indígenas no contactados en Brasil. Allí donde su tierra es protegida y su derecho a decidir su propio futuro respetado, los pueblos indígenas aislados pueden prosperar. Pero, si su tierra no se demarca ni se protege debidamente, son extremadamente vulnerables a la violencia de los foráneos y a las enfermedades que estos propagan y frente a las que no han desarrollado defensas.

El actual Gobierno de Brasil ha mostrado muy poca voluntad de proteger sus tierras, aplicando drásticos recortes a la financiación de los equipos que protegen los territorios indígenas y fomentando lazos con poderosos intereses creados que pretenden obtener beneficios a costa de la explotación de la tierra indígena.

Deseamos que como legado de Jakarewyj quede el conocimiento y la indignación de la opinión pública internacional por los brutales genocidios que viven los pueblos indígenas aislados. Por nuestra parte, junto con nuestros simpatizantes de todo el mundo, no nos rendiremos hasta que la tierra de los pueblos indígenas no contactados sea protegida. Solo así podrán sobrevivir.

¡Únete a nuestro movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas para lograrlo!


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