Por Fiore Longo, publicado en Newsweek el 17 de julio de 2020.

Las sociedades indígenas son extraordinariamente diversas y hay mucho que aprender de ellas. Cuando los pueblos indígenas tienen sus derechos territoriales garantizados y tienen la posibilidad de elegir cómo vivir sus vidas, tienden a estar entre las sociedades más justas, felices y equitativas del planeta.  Aquí compartimos cinco sencillas lecciones que se desprenden de testimonios recabados por Survival International, ideales para tener en cuenta en la “nueva normalidad” que enfrentará el mundo.

 

Indígenas awás en una expedición de caza, BrasilIndígenas awás en una expedición de caza, Brasil

© Charlie Hamilton James


 


EL DINERO NO ES LA CLAVE DE LA FELICIDAD


En 2017, un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB) llegó a la conclusión de que “las relaciones sociales, el éxito en la caza y la buena salud hacen más felices a los pueblos indígenas y rurales que el dinero”. Los catalanes tuvieron en cuenta los modos de vida de los punani tubu (cazadores recolectores de Borneo, en Indonesia), los baka (seminómadas de la cuenca del río Congo) y los tsimane (recolectores-horticultores de la Amazonía boliviana): “La dedicación a actividades económicas reduce el tiempo que pueden dedicar a las actividades que les hacen felices, como la interacción social y las tareas de subsistencia”. No es la única investigación al respecto. En 2006 otro estudio concluyó que un grupo de personas masáis del este de África tenía un índice de satisfacción con la vida similar al de los 400 estadounidenses más ricos de la lista Forbes: “Los masáis muestran que el desarrollo económico y los ingresos no son condición de la felicidad”.


PASAR MENOS TIEMPO TRABAJANDO  


Los pueblos que cazan y recolectan para ganarse la vida tienen mucho más tiempo libre que nosotros. El pueblo agta de Filipinas, cuyo sustento proviene de la caza y la recolección, solo “trabaja” unas 20 horas a la semana, mientras que los miembros de la tribu que se dedican a la agricultura necesitan hacer unas 30 horas de trabajo a la semana para mantenerse.  En el fondo se trata de organizar el modo de vida entendiendo y ayudando al entorno. Los “pigmeos” bakas de África central comen 15 clases de miel silvestre y más de diez tipos de batata salvaje. Al dejar parte de la raíz intacta en el suelo consiguen propagar su crecimiento por el bosque. Lo que les facilita la cosecha luego y, además, retroalimenta el ecosistema: la batata es uno de los alimentos favoritos de los elefantes y de los jabalíes salvajes.


DEJAR EL EGOÍSMO: RESPETO A LA NATURALEZA


Los pueblos indígenas en todo el mundo no creen que a ellos o a su comunidad la tierra les pertenezca, sino que ellos pertenecen a la tierra. Por eso los árboles son fundamentales para la sociedad de los orang rimbas en las selvas de Indonesia.  Algunos de los principales rituales de la tribu giran alrededor de ellos. Cuando nace un orang rimba, entierran su cordón umbilical en el rico suelo del bosque y plantan sobre él un árbol sentubung. Cada persona mantiene un vínculo sagrado con ese árbol durante toda su vida, registrando su edad a medida que crece y protegiéndolo celosamente de cualquier ataque o intento de tala.  Para los orang rimbas, cortar un árbol natalicio equivale a un asesinato.


OFRECE LO QUE PUEDAS A QUIENES LO NECESITEN


El pueblo hadza de Tanzania valora mucho la igualdad y no tiene líderes oficiales. Para ellos es una obligación moral dar lo que tienes sin esperar nada a cambio. Si tienes más posesiones personales de las que puedas usar de inmediato, debes compartirlas.  Los cazadores yanomamis nunca comen lo que cazan. Se lo dan a otros antes incluso que llevarlo a casa. A su vez, solo comen lo que otros cazadores les dan. Todos se alimentan de algo proporcionado por alguien más, lo que fortalece el espíritu comunitario y la cohesión.


PRIORIZA LA PAZ Y CONSERVACIÓN


Según el pueblo piaroa de Venezuela, la paz viene de dejar atrás los conceptos de propiedad, competencia, vanidad y avaricia. Rechazan la violencia, consideran que hombres y mujeres son iguales y nunca castigan físicamente a los niños. Los pueblos indígenas son los mejores conservacionistas y guardianes del mundo natural. Sin embargo, los gobiernos y multinacionales les roban sus tierras y violan sus derechos. Nuevamente la moraleja que nos enseñan los pueblos indígenas es que, conectándonos con el entorno, entendiéndonos como parte de un todo, podremos aprender de quienes, siendo solo el 5 por ciento de la población custodian el 80 por ciento de la biodiversidad que queda en el planeta.


 

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