Información de contexto

Agricultura itinerante

¿Qué es y quién la practica?

La agricultura nómada, también conocida como agricultura itinerante, se refiere a la técnica de cultivos rotativos en la que se abren claros para ser cultivados (normalmente con fuego), y que después se dejan regenerar transcurridos unos pocos años. Gobiernos de todo el mundo han tratado de erradicar este tipo de agricultura, a la que a menudo se denomina despectivamente de “roza y quema”, debido a una creencia errónea de que conduce a la deforestación.

Existen muchísimas prácticas agrícolas diferentes que se enmarcan juntas bajo el término despectivo de “roza y quema”, también conocido como agricultura nómada o itinerante.

Este sistema también es utilizado para describir la desenfrenada intrusión de granjas y haciendas ganaderas en la selva, que talan árboles primero y queman los tocones después para plantar a continuación. Esta invasión “pionera” no presenta ninguna similitud con el cultivo cuidadoso y la rotación de terrenos practicada por generaciones de pueblos indígenas. Sin embargo, aquellos responsables de tomar decisiones insuficientemente informados han agrupado todas estas prácticas y las han catalogado como un perjuicio para el medioambiente.

Sin embargo, a través de las selvas vitales de la Amazonia, Borneo y África central, los pueblos indígenas y tribales han desarrollado complejos sistemas agrícolas basados en la apertura de claros durante un corto período de tiempo, que luego se dejan reposar durante un largo período para que el bosque se regenere. Es preferible referirse a este tipo de agricultura de “roza y quema” como “agricultura nómada” o “agricultura itinerante”.

La itinerancia y la conservación

Algunos argumentan que en lugar de ser una amenaza para los bosques, gran parte de su inmensa diversidad se debe a las prácticas de agricultura itinerante.

El fuego es una herramienta que se utiliza cuidadosamente en estos sistemas agrícolas, que han sido desarrollados durante generaciones para adecuarse tanto a la tierra como a la comunidad.

Desde mediados y hasta finales del siglo XX, la quema era vista como una actividad devastadora que destruía los bosques que deberían de usarse tanto para la conservación como para la tala maderera. Se restó importancia al impacto de la minería, la construcción de presas, las plantaciones y la insaciable demanda de madera, mientras que se presentaba a la agricultura itinerante como el enemigo número uno de la conservación. Varios gobiernos prohibieron o restringieron duramente la práctica, mientras permitían que se talasen grandes extensiones de bosque para la explotación maderera, las plantaciones y la producción de biocombustible.

Esta actitud prevalece. La compañía minera Vedanta Resources, por ejemplo, ha denunciado que la “práctica de la agricultura itinerante de los dongria kondhs conlleva la destrucción a gran escala del bosque y por tanto de la biodiversidad” – una afirmación no sólo incorrecta sino también bastamte irónica viniendo de la compañía que pretende abrir una faraónica mina en la montaña sagrada de abundante biodiversidad de los dongrias.

Recientemente, los científicos se han dado cuenta de que estos sistemas agrícolas “mantienen niveles muy altos de biodiversidad mientras proveen sustento a la población de las áreas de bosques tropicales del mundo”.

En la Amazonia peruana, científicos han registrado una media de 37 especies más de árboles en terrenos de agricultura itinerante y los registros muestran que más de 370 especies se mantienen en los territorios de los agricultores itinerantes karen, en el norte de Tailandia.

Lejos de ser responsables de destruir la biodiversidad, los sistemas de agricultura itinerante indígenas están siendo reconocidos por haber contribuido a la diversidad de áreas forestales y mantener el valor ecológico de las mismas. Esto demuestra que los pueblos indígenas y tribales cuidan de sus entornos mejor que nadie.

La agricultura itinerante en la práctica

Los wanniyala aettos de Sri Lanka son un pueblo de la selva que ha practicado tradicionalmente una forma de agricultura llamada chena. Se talan parcelas de selva durante uno o dos años y después se dejan descansar durante siete u ocho. Las parcelas parecen desordenadas, con multitud de plantas diferentes coexistiendo, en lugar de parcelas ordenadas de cultivos específicos, pero su diversidad es la clave tanto de su valor ecológico como de su importancia económica para los wanniyala aettos.

Muchos de los bosques “primarios” del mundo han sido, de hecho, gestionados históricamente bajo sistemas de cultivo itinerantes. Gran parte de la repoblación “secundaria” es rica en biodiversidad ya que las talas fomentan el crecimiento de una serie de especies de plantas que a su vez atraen diversidad de aves y animales.

Durante los periodos de barbecho, los terrenos en regeneración continúan proveyendo a la comunidad: desde animales para la caza hasta una serie de productos de la selva, incluidos medicinas, fibras y combustible. En estas comunidades, los bosques son una parte valorada de su sistema de subsistencia más que algo a talar para dar sitio a un campo abierto.

Jummas y agricultura jhum

Los jummas, un grupo de varios pueblos indígenas de Chittagong Hill Tracts, en el norte de Bangladés, reciben su nombre de jhum, su sistema de cultivo itinerante. Los indígenas jummas han desarrollado este sistema agrícola para adaptarse al terreno irregular y montañoso en el que viven.

El sistema jhum era un sistema efectivo y sostenible que cubrió las necesidades de los indígenas jummas durante generaciones. Pero los jummas se han visto arrinconados en un área cada vez más reducida, primero por la inundación de tierras a raíz de la construcción de una presa en el rio Karnafuli, y después por la llegada de colonos bengalíes que fueron alentados por el Gobierno a asentarse en las colinas.

Los jummas y sus cultivos jhum están amenazados tanto por los colonos como por el ejército de Bangladés, exacerbado por las severas restricciones que han sido impuestas al acceso y uso por parte de los jummas de sus bosques. Han sido obligados a acortar los periodos de barbecho y por lo tanto sus cosechas disminuyen, llevándoles a la escasez de comida y dificultades económicas.

Cosechas de la agricultura itinerante

Uno de los argumentos contra la agricultura itinerante es que ésta no produce lo suficiente para alimentar a una población en crecimiento. Pero la calidad y diversidad de la nutrición que se extrae de la agricultura itinerante es normalmente mayor que la obtenida de sistemas de cultivo intensivo. En una zona de la Amazonia, menos del 5% del territorio de la selva se cultiva al mismo tiempo; el resto descansa en diferentes estados de regeneración.

Muchas de las áreas donde se practica la agricultura itinerante son inapropiadas para el cultivo permanente porque el suelo es demasiado pobre. Cambiando los terrenos año tras año, los pueblos indígenas han desarrollado formas de asegurarse un suministro de comida variado y sostenible, en lugar de grandes pero breves cosechas.

Por un lado, se elimina la agricultura itinerante y por otro se introducen nuevos sistemas agrícolas y de cultivo de biocombustibles, que normalmente presentan una menor biodiversidad, son ajenos a los habitantes locales y están fuera de su control, y son mucho menos capaces de mantener a las comunidades locales – ya sea en términos de sustento actual, nutrición o sostenibilidad futura. Esta forma de “progreso” es devastadora para los pueblos indígenas.

Averigua más:

* Guardianes de la naturaleza
* Los dongria kondhs
* Los jummas
* Los wanniyala-aettos

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