Los jarawas

“Safaris humanos” para ver a los jarawas

Aunque el Tribunal Supremo de la India ordenó en 2002 el cierre de la carretera que atraviesa la reserva de los jarawas, a fecha de hoy sigue abierta y los turistas la recorren como parte de los safaris humanos que se organizan para ver a esta tribu.

Los cazadores furtivos entran en la selva de los jarawas y roban los animales de los que depende este pueblo indígena para su supervivencia. También han introducido alcohol y marihuana y se sabe que han abusado sexualmente de mujeres jarawas.

En 1999 y 2006 los jarawas padecieron brotes de sarampión, una enfermedad que ha provocado la extinción de muchos pueblos indígenas en todo el mundo tras entrar en contacto con foráneos.

Actúa ahora ↓ Donar →

URGENTE: por favor, envía un email al Gobierno indio para pedirle que ponga fin a los “safaris humanos” inmediatamente

Un niño y una mujer jarawas junto a la carretera Andaman Trunk Road.
Un niño y una mujer jarawas junto a la carretera Andaman Trunk Road.
© Salomé

Se cree que las tribus de los jarawas, los granandamaneses, los onges y los sentineleses llevan viviendo en el océano Índico desde hace 55.000 años.

Ahora son superados ampliamente en número por los cientos de miles de colonos indios que se han asentado en las islas Andamán en las últimas décadas.

Los jarawas

Hoy en día, aproximadamente 400 miembros de la tribu nómada jarawa viven en grupos de 40 a 50 personas en chaddhas, que es como llaman a sus casas.

Como la mayoría de los pueblos indígenas que viven de forma autosuficiente y en sus tierras ancestrales, los jarawas continúan prosperando y su población se incrementa de forma estable.

Los jarawas cazan cerdos y tortugas, y pescan con arcos y flechas en los arrecifes coralinos cangrejos y peces, incluido el panga, las anguilas y los Leiognathidae dentados. También recolectan frutas, raíces silvestres, tubérculos y miel. Los arcos están hechos de madera de chooi, que no crece en el territorio jarawa. Usualmente deben hacer un viaje de larga distancia hasta la isla Baratang para recolectarla.

Tanto hombres como mujeres jarawas recolectan miel silvestre en árboles de gran altura. Durante la recolección de miel los miembros del grupo cantan canciones para expresar su regocijo. Los recolectores mastican la savia que obtienen de las hojas de plantas repelentes, como la ooyekwalin, que luego rocían con sus bocas a las abejas para mantenerlas alejadas. Una vez que las abejas se van, los jarawas pueden cortar su nido y lo colocan en un cesto de madera que cargan a sus espaldas. Los jarawas siempre se dan un baño después de comer miel.

Los jarawas utilizan hojas de plantas de la selva para hacer los tejados de sus refugios.
Los jarawas utilizan hojas de plantas de la selva para hacer los tejados de sus refugios.
© Thierry Falise/Survival

Un estudio de su nutrición y salud reveló que sus “niveles nutricionales” eran “óptimos”. Tienen un conocimiento detallado de más de 150 plantas y 350 especies animales.

Los jarawas de las islas Andamán disfrutan de una era de opulencia. Sus selvas les dan más de lo que necesitan.

Anvita Abbi, profesora de Lingüística, Universidad Jawaharlal Nehru

En 1998, algunos jarawas empezaron a salir de la selva por primera vez sin sus arcos y flechas para visitar poblaciones y asentamientos cercanos.

En 1990 las autoridades locales anunciaron sus “planes” de sedentarizar a largo plazo a los jarawas en dos comunidades basadas en una economía de pesca. Sugerían que la caza y la recolección quedaran como sus actividades “deportivas”. El plan era tan preceptivo que incluso detallaba qué estilo de ropa debían ponerse. La sedentarización forzosa ya fue mortal para otras tribus de las islas Andamán, como siempre lo ha sido para la mayoría de los pueblos recién contactados en todo el mundo.

Yo soy civilizada y ellos no lo son.

Abogada india exponiendo sus argumentos para el caso sobre la sedentarización forzosa de los jarawas en 2001

Después de una enérgica campaña organizada por Survival y organizaciones locales, este proyecto de sedentarización fue finalmente abandonado. En 2004 las autoridades anunciaron una política nueva y radical: los jarawas podrían elegir su propio futuro y la intervención externa en sus vidas se reduciría al mínimo. Esto significó un enorme éxito para la campaña internacional y local.

No se deberán llevar a cabo intentos para incorporarlos a la sociedad mayoritaria.

Política sobre los jarawas del Gobierno indio, 2004

Los granandamaneses

De los cuatro pueblos indígenas de las islas Andamán, la colonización del siglo XIX resultó especialmente desastrosa para los granandamaneses.

Boa Sr. era la última superviviente del pueblo indígena bo.
Boa Sr. era la última superviviente del pueblo indígena bo.
© Alok Das

Los granandamaneses, como se les conoce colectivamente hoy en día, eran originariamente diez tribus distintas, entre las que se encontraban los jerus, beas, bos, khoras y pucikwares. Cada una tenía su propia lengua, y una población de entre 200 y 700 personas.

Cuando en 1958 llegaron los colonos británicos, más de 5.000 granandamaneses vivían en las islas. Sin embargo, cientos de ellos fueron asesinados en conflictos mientras defendían sus territorios de la invasión británica y otros miles murieron debido a las epidemias de sarampión, gripe y sífilis, todas ellas introducidas por los británicos.

En realidad estamos sentando las bases para civilizar a un pueblo que hasta ahora ha vivido en un estado perfecto de barbarie, repleto de traiciones, asesinatos y demás salvajismos; además es muy aconsejable, incluso desde un punto de vista político, mantener a estas personas bajo custodia como rehenes, ya que esto sin duda asegura un mejor comportamiento de este pueblo inhóspito con nuestro asentamiento.

Tyler, oficial colonial británico de la época

En 1970, las autoridades indias trasladaron a los granandamaneses que quedaban a la diminuta isla del Estrecho, en la que viven ahora completamente dependientes del Gobierno para comer, guarecerse y vestirse, y donde el abuso del alcohol y la tuberculosis están muy extendidos.

Hoy en día sólo sobreviven 53 granandamaneses.

En los años sesenta, los británicos establecieron el “Hogar Andamán”, en el que mantenían presos a los granandamaneses. Cientos de indígenas murieron debido a las enfermedades y abusos sufridos en el hogar, y de los 150 bebés nacidos allí, ninguno vivió más de dos años.

Boa Sr. Murió en 2010. Los bos fueron la última de las diez tribus en entrar en contacto con los británicos, justo antes del censo de 1901. En poco más de un siglo, los más de 55.000 años de historia de este pueblo han sido borrados para siempre.

Una canción de la última de los boBoa Sr, la última superviviente del pueblo indígena bo, que murió en enero de 2010, entona su canto para la cámara.
Los jarawas son afortunados por evitar el contacto con los habitantes de las ciudades. Es magnífico ver cómo no dependen de otros para comer y guarecerse. Nuestros hijos no saben nada sobre caza y no pueden alimentarse por sí mismos.

Boa Sr, fue la última superviviente del pueblo indígena granandamanés bo

Los onges

Los onges se autodenominan en-iregale, que significa “persona perfecta”.

Viven desde hace mucho tiempo en Pequeña Andamán, la isla más meridional del archipiélago Andamán.

La población de los onges también se vio diezmada tras el contacto con los colonos británicos e indios, y descendió desde las 670 personas que sumaban en 1900, a las cerca de 112 que quedan hoy.

Hasta los años cuarenta, los onges eran los únicos habitantes permanentes de Goubalambabey (nombre onge para Pequeña Andamán). En la actualidad comparten la isla de 732 km2 con más de 18.000 colonos procedentes de la India, Bangladés y las islas Nicobar. En 1976 los onges fueron sedentarizados con el fin de obtener “las instalaciones básicas para una vida higiénica y para protegerse de los fenómenos naturales”. Ahora viven en una reserva en Dugong Creek que supone una pequeña parte del tamaño de su territorio original.

Un hombre de la tribu onge descansa en su hamaca. Islas Andamán.
Un hombre de la tribu onge descansa en su hamaca. Islas Andamán.

© Survival International

El tsunami de 2004 destruyó completamente los asentamientos de los onges pero todos los indígenas sobrevivieron. Sabían que si el mar retrocedía rápidamente después volvería precipitadamente con una fuerza devastadora.

Cuando sintieron el terremoto y vieron el nivel de las aguas bajar considerablemente, se reunieron en la orilla y lanzaron piedras al mar para engañar a los espíritus enfadados (que pensaban que estaban haciendo temblar los pilares sobre los que se sostiene el océano) y hacerles creer así que ellos, los onges, estaban en el agua. Después se apresuraron tierra adentro para ponerse a salvo de las olas que, sabían, vendrían después.

Gran parte de la isla Pequeña Andamán ha sido deforestada y en la actualidad los onges tienen que competir con los colonos por los jabalíes y el pescado. A pesar de que los onges aún pasan mucho tiempo cazando y recolectando miel en lo que queda de su selva, dependen en gran medida de las autoridades de Andamán para las raciones de arroz, lentejas y otros productos. Preocupados por la dependencia que se había creado, el Gobierno indio trató de forzar a los onges para que trabajaran en una plantación de cocos a cambio de las raciones, una forma de trabajo en condiciones de servidumbre, pero no tuvo éxito.

Los onges consideran que los dientes blancos son señal de un cuerpo muerto, por eso mastican una corteza que tiñe de rojo su dentadura. Adornan su cuerpo y cara con arcilla blanca y ocre.

A pesar de las raciones y asistencia sanitaria del Gobierno, su salud ha empeorado desde que fueron sedentarizados y padecen altas tasas de malnutrición, mortalidad infantil y una tasa de crecimiento peligrosamente baja. Las tasas de mortalidad infantil y en la niñez se duplicaron en los primeros años después de su asentamiento.

Una mujer y un niño onges. Los onges pintan sus cuerpos, incluidos sus rostros, con barro blanquecino.
Una mujer y un niño onges. Los onges pintan sus cuerpos, incluidos sus rostros, con barro blanquecino.
© Survival

Los nacimientos de niños onges se anuncian en la prensa de Andamán de manera similar a cómo los osos pandas son criados con éxito en zoológicos. La población onge sufrió un nuevo golpe devastador en 2008 cuando ocho hombres onges murieron tras beber un líquido desconocido que habían encontrado en la costa. Se cree que los onges pensaron que se trataba de alcohol, que fue introducido en las comunidades onges por los colonos.

Los sentineleses

Los sentineleses captaron la atención internacional tras el tsunami de 2004 en Asia, cuando uno de los miembros de la tribu fue fotografiado en una playa, disparando flechas a un helicóptero que estaba comprobando si se encontraban a salvo.

A raíz del tsunami de 2004, este sentinelés fue fotografiado disparando flechas al helicóptero que sobrevolaba la isla que habita su tribu.
A raíz del tsunami de 2004, este sentinelés fue fotografiado disparando flechas al helicóptero que sobrevolaba la isla que habita su tribu.
© Indian Coastguard/Survival

Los sentineleses viven en su pequeña isla cubierta de selva, Sentinel del Norte, que es aproximadamente del tamaño de Manhattan. Continúan resistiéndose a cualquier contacto con foráneos, atacando a cualquiera que se acerque. En 2006, dos pescadores indios, que habían amarrado su barco cerca de Sentinel del Norte para dormir después de pescar furtivamente en las aguas alrededor de la isla, fueron asesinados cuando su barco se soltó y fue arrastrado hasta la orilla. Se sabe que los pescadores furtivos pescan ilegalmente en aguas alrededor de la isla, capturando tortugas y buceando en busca de langostas y pepinos de mar.

La isla de Sentinel del Norte, hogar de los sentineleses, vista desde arriba.
La isla de Sentinel del Norte, hogar de los sentineleses, vista desde arriba.
© Survival

La mayor parte de lo que conocemos de los sentineleses ha sido recogido observándoles desde barcos amarrados más allá de lo que alcanzan las flechas desde la orilla y durante breves periodos en los que los sentineleses permitieron a las autoridades acercarse lo suficiente para entregarles algunos cocos. Incluso se desconoce cómo se denominan a sí mismos.

Los sentineleses cazan y recolectan en la selva, y pescan en las aguas de la costa. A diferencia de la vecina tribu jarawa, construyen embarcaciones – canoas muy estrechas, descritas como “demasiado estrechas como para que quepan dos pies en ellas”. Sólo se pueden utilizar en aguas poco profundas ya que son dirigidas e impulsadas con una especie de pértiga.

Se cree que los sentineleses viven en tres pequeñas comunidades. Tienen dos tipos diferentes de casas: largas cabañas comunales con varias hogueras para diferentes familias, y refugios más temporales, sin paredes laterales, que pueden verse a veces en la playa, con espacio para una familia nuclear.

Las mujeres visten cuerdas atadas alrededor de la cintura, cuello y cabeza. Los hombres también llevan collares y cintas en la cabeza, pero con cinturones más anchos. Los hombres llevan lanzas, arcos y flechas.

Los sentineleses disfrutan de un estado de salud excelente, a diferencia de sus vecinas tribus en las Andamán cuyas tierras han sido destruidas.
Los sentineleses disfrutan de un estado de salud excelente, a diferencia de sus vecinas tribus en las Andamán cuyas tierras han sido destruidas.

© Survival International

Aunque a menudo se les describe en los medios de comunicación como pertenecientes a la “Edad de Piedra” esto no es verdad. No existe ninguna razón para creer que los sentineleses hayan vivido de la misma forma durante los miles de años que probablemente llevan habitando las islas Andamán. Sus modos de vida habrán cambiado y se habrán adaptado muchas veces, como todos los pueblos. Por ejemplo, ahora utilizan metal que ha sido arrastrado o que han recuperado de barcos hundidos en los arrecifes de la isla. Afilan el hierro y lo utilizan para las puntas de flechas.

Por lo que se puede ver desde la distancia, es evidente que los isleños sentineleses están sanos, alerta y son prósperos, en claro contraste con los onges y los granandamaneses a quienes los británicos intentaron llevar la “civilización”. Las personas que se ven en las costas de Sentinel del Norte parecen orgullosas, fuertes y saludables y los observadores siempre han visto a muchos niños y mujeres embarazadas.

Sentineleses montan guardia en una playa de la isla.
Sentineleses montan guardia en una playa de la isla.

© Christian Caron – Creative Commons A-NC-SA

A finales del siglo XIX, M.V Portman, el oficial británico a cargo de los andamaneses, desembarcó, acompañado de un amplio equipo, en la isla de Sentinel del Norte con la esperanza de contactar a los sentineleses. El equipo incluía rastreadores de tribus andamanesas que ya habían tenido contacto con los británicos, oficiales y convictos.

Encontraron pueblos recién abandonados y caminos pero no se veía a los sentineleses por ninguna parte. Pasados unos días se cruzaron con una pareja de ancianos y algunos niños a los que se llevaron “en aras de la ciencia” a Port Blair, la capital de la isla. Como era de esperar, pronto enfermaron y los adultos murieron. Los niños fueron llevados de vuelta a la isla con una serie de regalos.

No se sabe cuántos sentineleses enfermaron como resultado de esta “ciencia” pero probablemente los niños transmitieron las enfermedades con devastadoras consecuencias. Es pura conjetura, ¿pero pudiera ser esta experiencia la causa de la hostilidad continuada de los sentineleses y su rechazo a los foráneos?

Durante los años 70 las autoridades indias realizaron viajes ocasionales a Sentinel del Norte en un intento de ganarse la amistad de la tribu.

Normalmente se organizaban bajo las órdenes de los dignatarios que querían una aventura. En una de estas expediciones dejaron en la orilla dos cerdos y una muñeca. Los sentineleses cazaron con sus lanzas a los cerdos y los enterraron junto con la muñeca. Estas visitas se volvieron más regulares en los ochenta; los equipos intentaban desembarcar en lugares fuera del alcance de las flechas y dejaban regalos como cocos, plátanos y trozos de hierro. A veces los sentineleses parecían hacer gestos amistosos; otras veces se llevaban los regalos a la selva y después disparaban flechas al grupo que intentaba establecer contacto.

Sentineleses recogiendo cocos durante un breve período de tiempo en el que aceptaban regalos.
Sentineleses recogiendo cocos durante un breve período de tiempo en el que aceptaban regalos.

© Survival International

Aparentemente, en 1991 se produjo un avance. Cuando los funcionarios llegaron a Sentinel del Norte la tribu les hizo una señal para que les trajesen los regalos y entonces, por primera vez, se acercaron sin sus armas. Incluso se metieron en el agua y fueron hacia los barcos para recoger más cocos.

Sin embargo, este contacto amistoso no duró mucho; aunque las expediciones para llevar regalos continuaron durante algunos años, los encuentros no siempre fueron amigables. En ocasiones los sentineleses apuntaron con sus flechas al grupo que intentaba establecer contacto, y en una ocasión atacaron una embarcación de madera con sus azuelas (hachas de piedra para cortar madera). Nadie sabe por qué los sentineleses primero abandonaron y después retomaron su hostilidad hacia las misiones de contacto, ni si alguno murió como resultado de enfermedades contagiadas durante esas visitas.

En 1996 las misiones regulares de entrega de regalos terminaron. Muchos funcionarios empezaron a cuestionar la lógica de intentar contactar a un pueblo que está sano y contento y que ha vivido prósperamente de manera independiente durante más de 55.000 años. El contacto amistoso solo tuvo consecuencias devastadoras para los granandamaneses. Un contacto prolongado con los sentineleses habría tenido casi con toda seguridad trágicas consecuencias.

En los años posteriores solo se llevaron a cabo visitas ocasionales, de nuevo con respuestas diferentes. Tras el tsunami de 2004, funcionarios del Gobierno realizaron dos visitas para comprobar, desde la distancia, que la tribu parecía estar sana y que no sufría de forma alguna. Entonces declararon que no intentarían nuevos contactos con los sentineleses.

Contactando a los sentinelesesImágenes de uno de los muchos intentos del Gobierno indio de establecer contacto con los aislados sentineleses, creando una dependencia mediante regalos del exterior, como los cocos. Tras las protestas de Survival y de simpatizantes locales, dichos viajes de contacto han concluido oficialmente, puesto que ponen en grave riesgo a ambas partes.

Su extremado aislamiento les hace muy vulnerables a enfermedades frente a las que no son inmunes, lo que significa que el contacto tendría muy probablemente consecuencias nefastas para ellos.

Tras una campaña de Survival y organizaciones locales, el Gobierno indio abandonó los planes de contactar a los sentineleses y su postura actual es la de no intentar de nuevo el contacto con la tribu.

Se llevan a cabo controles periódicos, desde barcos anclados a una distancia segura de la costa, para asegurar que los sentineleses están bien y que no han decidido establecer contacto.

¿A qué problemas se enfrentan las tribus de las islas Andamán?

De las cuatro tribus de las islas Andamán, la situación de los jarawas es la más precaria.

Los jarawas se enfrentan a muchas amenazas:

  • La carretera que cruza su territorio atrae a miles de foráneos, turistas incluidos, a sus tierras. Los turistas tratan a los jarawas como a animales en un safari park.

  • Cola de vehículos para entrar en la reserva jarawa a través de la Andaman Trunk Road.
    Cola de vehículos para entrar en la reserva jarawa a través de la Andaman Trunk Road.
    © G Chamberlain/ Survival
  • Los foráneos, tanto colonos locales como cazadores furtivos extranjeros, entran a su frondosa reserva de selva para robar la caza que la tribu necesita para sobrevivir.
  • Cazadores furtivosLos jarawas denuncian la invasión de sus tierras por parte de cazadores furtivos. Este grupo fue filmado al salir voluntariamente de su reserva para quejarse ante los oficiales de la administración local de esta actividad.
  • Continúan siendo vulnerables a enfermedades provenientes de fuera contra las que carecen de inmunidad. En 1999 y 2006, los jarawas sufrieron brotes de sarampión: una enfermedad que ha aniquilado a muchos pueblos indígenas alrededor del mundo tras el contacto con foráneos. Una epidemia podría destruirlos.

  • Las mujeres jarawas han sufrido abusos sexuales por parte de los furtivos, colonos, conductores de autobuses y otros.

  • Las chicas dicen que los hombres de fuera las presionan para que hagan muchas cosas. Las presionan con sus manos y las uñas de sus dedos, cuando las chicas se enfadan. Las persiguen bajo la influencia del alcohol. Tienen sexo con las chicas (…) Beben alcohol en las casas de ellas. También duermen en la casa de los jarawas. Fuman marihuana y después persiguen a las chicas.

    Hombre jarawa denunciando el abuso en 2014
  • Incluso por parte de los diputados de la isla hay presiones para que los jarawas sean integrados a la sociedad “mayoritaria” de la India.

  • El destino de los granandamaneses y los onges son una clara advertencia de lo que podría ocurrirles a los jarawas, a menos que se reconozca su derecho a controlar quién entra en su tierra y a tomar sus propias decisiones sobre el estilo de vida que quieran llevar.

Intentos de integrar a los jarawas a la sociedad “mayoritaria”

En la India, integrar a la sociedad “mayoritaria” hace referencia a la política de forzar a una tribu a integrarse en la sociedad dominante del país. Tiene efectos devastadores en los pueblos indígenas. Los despoja de su autosuficiencia y sentido de identidad y les deja marginados de la sociedad enfrentándose a muchos problemas. Las tasas de enfermedad, depresión, adicción y suicidio en la comunidad indígena se disparan de manera casi inevitable.

En 2010 el diputado de las islas Andamán exigió “la adopción de medidas rápidas y drásticas para adaptar a los jarawas a las características básicas de la sociedad mayoritaria” y enviar a los niños a internados para que fueran “destetados” lejos de la tribu. Dijo de los jarawas que se encontraban “en una etapa primitiva de desarrollo” y que “estaban atrapados en un tiempo entre la Edad de piedra y la del hierro”.

Personajes influyentes de la India, incluidos ministros del Gobierno, han pedido a menudo que los jarawas fuesen integrados, al considerarlos “atrasados” o “primitivos”. Esta petición, sin embargo, no ha partido de los jarawas, quienes no muestran signo alguno de querer abandonar su vida en la selva.

Los foráneos son hombres malos. Abusan de nosotros. Prefiero quedarme en la selva.

Enmei, un hombre jarawa

Una actitud como esta puede provenir del desprecio racista o de una preocupación real por el bienestar de la tribu; en cualquier caso se basa siempre en una malinterpretación de la excelente calidad de vida actual de los jarawas, y de las experiencias miserables de los pueblos indígenas que han sido asimilados a la fuerza.

Desde 2004, la política del Gobierno indio en relación con los jarawas ha sido muy positiva: el principio general es que la propia tribu debe controlar su futuro, con una mínima intervención del estado. Sin embargo, aún hay muchos que piden que esto cambie.

¿Cuál es la postura de Survival frente a la integración a la sociedad “mayoritaria”?

Survival no defiende ni el aislamiento ni la integración y considera, al igual que todos los pueblos indígenas, que son ellos quienes están en mejor posición para decidir qué cambios, de haberlos, quieren llevar a cabo en sus vidas. Para disponer del tiempo y el espacio necesarios para tomar estas decisiones es crucial que sus tierras estén protegidas frente a incursiones externas.

Invasión de tierras y caza furtiva

La principal amenaza para la existencia de los jarawas proviene de la invasión de sus tierras, que fue provocada por la construcción en los años 70 de la carretera que atraviesa su selva. Esta carretera, la Andaman Trunk Road (ATR), atrae a foráneos al corazón de su territorio.

La ATR ha propiciado además los “safaris humanos”, donde los turoperadores llevan a turistas por la carretera con la esperanza de “avistar” a miembros de la tribu.

La caza, pesca y recolección ilegales, a manos de furtivos locales y extranjeros, sigue constituyendo una importante amenaza para la supervivencia de los jarawas.

El robo de la comida de la que dependen pone en riesgo su autosuficiencia y podría llevar a la tribu a su extinción.

¿Cuál es la postura de Survival frente a la invasión de tierras y la caza furtiva?

Desde 1993 Survival ha presionado al Gobierno indio para que cierre la carretera Andaman Trunk Road, considerando que solo los jarawas deberían decidir si los foráneos pueden atravesar sus tierras, cuándo y dónde.

Folleto distribuido entre los turistas que llegan a las islas Andamán sobre el boicot al 'safari park humano'.
Folleto distribuido entre los turistas que llegan a las islas Andamán sobre el boicot al 'safari park humano'.

© Search/Survival

En 2002, el Tribunal Supremo de la India ordenó el cierre de la carretera, pero aún sigue abierta.

En 2013, tras una campaña de Survival y la organización local Search para prohibir los “safaris humanos”, el Tribunal Supremo prohibió a los turistas viajar por la carretera durante siete semanas. Después de que las autoridades de Andamán cambiaran sus propias normas con el fin de permitir que continuasen los safaris humanos, el Tribunal Supremo no tuvo otra opción que retirar la prohibición.

Las autoridades de Andamán se han comprometido a abrir una ruta marítima alternativa a Baratang para el mes de marzo de 2015. Esta ruta marítima frenaría los safaris humanos ya que los turistas ya no tendrían excusa para conducir a través de la selva de los jarawas. A pesar de las promesas al Tribunal Supremo y de las presiones de Survival y de la organización local Search, el proyecto sufre un increíble retraso con respecto a las previsiones.

Survival viene exigiendo que las autoridades de Andamán frenen la caza furtiva y aseguren que los arrestados son procesados: aunque en los últimos años muchos cazadores furtivos han sido detenidos, ninguno ha sido sentenciado por un tribunal a pesar de que el delito está castigado con penas de hasta siete años de prisión.

Los sentineleses:

  • Survival insta a la administración de las islas Andamán a adherirse de manera estricta a su política de no intentar contactar a los sentineleses y a frenar la pesca furtiva alrededor de su isla..

  • Actúa ahora para ayudar a Los jarawas

    La campaña de Survival en las Andamán se centra en los jarawas porque, de los cuatro pueblos indígenas que habitan en las islas, son los que se encuentran en la situación de mayor precariedad. Tu ayuda es fundamental para su supervivencia. Puedes colaborar de muchas formas.