El arte de viajar: cómo puede trastocar las vidas de los pueblos indígenas

 
Survival expone cómo el turismo puede ser poco ético y peligroso para los pueblos indígenas.

Somos humanos y, como tales, estamos en movimiento. Viajamos. Siempre lo hemos hecho. Viajar está firmemente inscrito en la psique humana: hace miles de años salimos de la sabana y migramos desde África al resto del mundo.

En la actualidad el turismo es una de las mayores industrias del mundo occidental. Dejamos nuestros hogares para escalar montañas y caminar por la selva, para bailar en Cuba, atravesar a nado el Estrecho de Gibraltar, regatear en un zoco o tumbarnos en una playa. En su libro “El arte de viajar”, el filósofo Alain de Botton contempla las razones que subyacen al hecho de viajar. Una de ellas, dice, es adquirir una perspectiva distinta, ya que cree que “hay transiciones interiores que no podemos asentar convenientemente sin un cambio de sitio”. El cambio también es una motivación clave para el escritor de viajes Bruce Chatwin, ya fallecido. “Un cambio en la moda, la comida y el paisaje”, escribió. “Los necesitamos como el aire que respiramos”.

De modo que viajamos para conocer, por placer o en busca del saber; para aliviar el tedio de la rutina diaria y satisfacer las fantasías de nuestras mentes curiosas. Viajamos para agitar nuestras almas y aplacar esa ansiedad atávica que yace en nuestro interior. Ernesto Che Guevara pensaba que “viajamos por viajar”. Ahora, por lo que parece, queremos aún más. Queremos ir más alto, más lejos, más salvajemente. Quizás a medida que el mundo se hace cada vez más homogéneo y urbanizado la llamada de lo desconocido se vuelve más audible y las razones para viajar a los lugares más remotos ganan más fuerza que nunca.

Pero es aquí donde el viaje “de aventura” se convierte en algo muy peligroso… para los pueblos indígenas. Esos lugares recónditos que anuncian las agencias de viajes, desde las verdes profundidades de la cuenca amazónica hasta el hielo azul del Ártico o las tierras altas de Papúa Occidental, a menudo son los hogares de dichos pueblos. El “paisaje” al que un hombre se escapa es, por decirlo llanamente, la casa de otro.

El turismo puede perturbar o amenazar seriamente las vidas indígenas. El derecho internacional les reconoce la propiedad de los territorios que habitan, y esto debería ser respetado al margen de si el Gobierno de turno aplica esa ley o no. Cuando se encuentren en territorio indígena, los turistas deberían comportarse exactamente igual que lo harían en cualquier otra propiedad privada.

También puede ser letal para los turistas acercarse a pueblos indígenas que han tenido poco contacto con la sociedad dominante. Es probable que la reacción de estos pueblos sea de hostilidad hacia los foráneos, y además los turistas pueden transmitirles enfermedades infecciosas frente las que estos indígenas no tienen inmunidad. “No pasa nada si los turistas visitan a pueblos indígenas que han tenido contacto con personas no indígenas desde hace tiempo, pero sólo si los indígenas quieren, tienen el control sobre lo que hacen y a dónde van, y reciben una parte justa de los beneficios”, explica Stephen Corry, director de Survival International.

El turismo representa una grave amenaza para la salud del pueblo indígena jarawa, de las islas Andamán, situadas en el océano índico. Un pueblo que se encuentra en peligro de extinción. Los operadores turísticos llevan a miles de turistas al mes por la carretera que atraviesa la reserva indígena donde vive esta tribu, con la esperanza de “avistar” jarawas. Se parece mucho a un siniestro “safari humano” y una epidemia podría aniquilar a esta tribu cazadora-recolectora. Sin embargo, aún queda esperanza. Después de que Survival hiciera un llamamiento a los turistas para que boicotearan la carretera, cuatro de las cinco principales agencias de viajes, conmovidas por la desesperada situación de los jarawas, se han manifestado a favor del boicot. Algunas, incluso, están ayudando a distribuir folletos que piden el boicot total de la carretera en el aeropuerto de la isla. Pero la amenaza seguirá acechando mientras ésta siga abierta.

De modo que, allí donde viajar choca con los pueblos indígenas, las razones para ese viaje deben analizarse cuidadosamente. Los turistas que estén pensando en visitar zonas indígenas deben considerar los posibles efectos a largo plazo de su visita para los indígenas. El placer del viaje y del descubrimiento, la necesidad de “encontrar la belleza”, en palabras de Ralph Waldo Emerson, no es justificable si pone a los indígenas en peligro.


Para más información lee nuestra Guía para filmar o fotografiar a pueblos indígenas.