Es con el más hondo pesar que queremos comunicar el fallecimiento de Barbara Bentley, Directora de Survival entre 1972 y 1984, acaecido el 28 de diciembre de 2012.

Entre 1972 y 1973, Barbara Bentley pasó gradualmente de ser Secretaria General del Royal Anthropological Institute (Real Instituto de Antropología) a convertirse en la primera persona en asumir la dirección de Survival International a tiempo completo. Llegaría a ser Juez de Paz, y permaneció con Survival hasta que se jubiló en 1984. Durante buena parte de esos años fue la única empleada, y la única persona que ocupaba nuestra minúscula oficina. Otros (como yo) eran voluntarios y pasaban mucho tiempo haciendo trabajo de campo con pueblos indígenas.

Nosotros hacíamos lo fácil. Barbara hacía todo lo demás: conseguía el dinero; organizaba la redacción, impresión y distribución de publicaciones; se comunicaba con nuestros socios; llevaba la contabilidad; organizaba los comités (que también estaban compuestos por voluntarios, como siguen estándolo); y gestionaba todo el papeleo necesario para que una asociación pudiera funcionar.

En aquella época, con tan solo una máquina de escribir y unos archivadores de tarjetas indexadas, tareas como enviar los boletines de noticias a cientos de socios eran extremadamente laboriosas y llevaban una gran cantidad de tiempo. Sinceramente, ninguna otra persona, entre quienes estábamos comprometidos con Survival, estaba preparada para encargarse de ese trabajo, y todos lo sabíamos. Sin su entrega, no hay ninguna duda de que Survival sencillamente no hubiera podido sobrevivir su primera década.

Lejos de ser “meramente” una gestora, Barbara hacía prácticamente todo lo demás también. Valiéndose de su amplio conocimiento sobre los profesionales de la antropología, el Parlamento británico –donde había trabajado varios años– y la calle Fleet (cuando la prensa realmente se editaba allí), estaba siempre tratando de conseguir que los políticos se interesasen por los asuntos indígenas y presionando a los periodistas para que hablasen de ellos.

Cuando una importante delegación de indígenas canadienses visitó Londres en 1981 para hacer una petición a la reina (la “gran madre blanca”) durante los meses anteriores a la “repatriación” de la Constitución de Canadá, colmaron a Barbara de regalos y le concedieron el título honorífico de “gran madre rosa”.

La oficina era tan solo un par de habitaciones, en distintos pisos, en el 36 de la calle Craven, el lugar donde Benjamín Franklin había vivido entre 1757 y 1775. Estaba a menos de cien metros del Parlamento, en una dirección, y de la calle Fleet en la otra. En ese sentido estábamos bien situados, pero aunque suene distinguido no lo era en absoluto. A Barbara le encantaba recordar que una vez, estando ella en el sótano, oyó cómo dos transeúntes de paseo por la calle comentaban la placa azul que indicaba el papel que ese edificio había tenido en la Historia. Cuando uno de ellos apuntó “¡Mira eso!, ¡Benjamin Franklin vivió aquí!”, su compañero exclamó lacónicamente “¡Pobre desgraciado!”.

Barbara y yo estábamos allí cuando se produjo la tremenda explosión de un coche-bomba del IRA cerca de Whitehall, que dejó un cráter de tamaño considerable. La onda expansiva se coló por el pasaje Craven, y golpeó nuestra calle, arrancando las ventanas de algunos vecinos y sacudiendo la estructura de ladrillo del edificio, ya bastante débil. Barbara no dejó su trabajo ni por un momento.

Echaremos mucho de menos su determinación, su sentido innato de la justicia, su capacidad de trabajo, y su imbatible sentido del humor. A su hija Judith, todo el equipo de Survival quiere enviar nuestras más sentidas condolencias.