por Stephen Corry

Survival International fue fundada en 1969, en Londres, por unos pocos individuos preocupados por la grave situación de los pueblos indígenas. En los últimos cincuenta años se ha convertido en un movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas y tribales, con oficinas en varios países y simpatizantes en más de cien. He aquí el resumen que hago de lo que ha cambiado en este medio siglo.

Las malas noticias

Erosión de los derechos humanos

La noticia potencialmente peor de todas es que el avance de la implantación universal de los derechos humanos y de la mentalidad progresista desde el final de la Segunda Guerra Mundial y la posterior caída del Telón de Acero está sufriendo ahora graves reveses en todo el mundo. Muchos, yo incluido, pensábamos ingenuamente que era un proceso lento, pero progresivo e imparable. Me equivoqué. Muchos líderes y gobiernos no parecen preocuparse ya por el deterioro de su imagen internacional. A un escándalo le sigue otro, y el amplio consenso de que el respeto de los derechos humanos es un componente esencial de aquello a lo que debería aspirar la humanidad en el siglo XXI parece estar disipándose rápidamente.

Nadie sabe si la noción de derechos humanos fue solo un fenómeno histórico pasajero que germinó hace un par de siglos (partiendo de ideas mucho más antiguas) y creció en las décadas posteriores al Holocausto. ¿Está empezando a marchitar? ¿Ha cedido el paso a una nueva era caracterizada tanto por el fundamentalismo religioso (sea cristiano, musulmán, judío, hindú o budista) como por el nacionalismo descarnado, o girará de nuevo el viento para soplar a su favor?

Por ejemplo, el nuevo presidente de Brasil, Bolsonaro, pretende erosionar los derechos indígenas con políticas que retrasan el reloj a 1969, el mismo año en que se fundó Survival en respuesta al genocidio en ese mismo país. Allí, los indígenas son en muchos casos defensores tanto de los derechos humanos como del medioambiente. Ellos, y otros que desempeñan esta función, se ven ahora más amenazados que nunca.

Conservacionismo colonial

Lo que todavía está ganando terreno, por otro lado, es una amplia aceptación de que la conservación del ecosistema del planeta constituye una responsabilidad vital y universal. Puede que se haya convertido en un artículo de fe desde el punto de vista ideológico, pero se están avanzando muchas soluciones distintas, algunas de ellas mutuamente conflictivas. Por desgracia, el enfoque que tiene más fuerza, más dinero y la historia más larga también es el que pretende expulsar de sus tierras a los pueblos indígenas y otras poblaciones locales, sin que sus impulsores se preocupen por lo mal que tratan a aquellos en el proceso.

Se le llama “conservación fortaleza” y está proliferando, con la creación de cada vez más zonas protegidas, como las llaman. En muchos países, sobre todo en África, la población local lo considera un robo de tierras y una nueva ola de colonialismo. Actualmente constituye una amenaza tan grave para los pueblos indígenas como la minería y la industria maderera; incluso en algunos lugares se ha convertido en la peor amenaza. Muchos individuos son asesinados y algunos pueblos han sido aniquilados.

El crimen se ve agravado por el hecho de que los pueblos indígenas suelen ser mucho mejores guardianes del medioambiente que nadie, y de que expulsarlos a ellos y a otra gente local de las zonas protegidas probablemente provocará más destrucción en dichas zonas, de manera que socavará los propios objetivos de la conservación.

A menudo, muchos niños bakas tienen miedo cuando llega un forastero a la aldea, debido a la experiencia de incursiones y agresiones de los guardaparques del lugar.
A menudo, muchos niños bakas tienen miedo cuando llega un forastero a la aldea, debido a la experiencia de incursiones y agresiones de los guardaparques del lugar.
© Survival International

Extracción de recursos

A medida que se expanden los proyectos de “conservación” de territorios vaciados de sus habitantes históricos, crece también la presión por extraer los recursos, especialmente petróleo y minerales, aunque también los supuestos recursos “verdes”, como la energía hidroeléctrica y el cultivo de soja y aceite de palma. Esto está llegando a zonas cada vez más alejadas y remotas de los núcleos de población. Son los mismos lugares en los que los pueblos indígenas más vulnerables, incluidos los no contactados, han mantenido sus refugios frente a una sociedad foránea hostil. La frontera extractiva penetra ahora cada vez más profundamente en sus tierras y numerosas empresas destruyen tanto a ellos como a los ecosistemas que han estado cuidando durante generaciones. En la Amazonia, por ejemplo, gran parte de la selva que se conserva es gracias solo a que se halla dentro de territorios indígenas. La embestida se ve agravada por la afirmación nueva o renovada de la condición de superpotencia de China y Rusia, que generan más demanda por productos que han de satisfacer empresas a las que no preocupan los derechos humanos ni cualquier deterioro de su imagen.

Miles de “causas”

Hace 50 años había un número reducido de organizaciones no gubernamentales (ONG) y religiosas dedicadas a un número relativamente escaso de “causas” (pobreza, salud, bienestar de personas vulnerables, asistencia en casos de emergencia y primeros auxilios, antirracismo, etc.). Muchas eran independientes de todo apoyo por parte de gobiernos o empresas.

Hoy existen literalmente decenas de miles de causas. Muchas son valiosas, pero la mayoría compiten por la misma atención pública y financiación. Algunas son de dudoso valor, aunque puedan usar hábiles y eficaces campañas de marketing y tener una presentación convincente. Muchas, sean buenas o malas, reciben financiación de gobiernos o empresas, aunque a menudo esto no es evidente.

Esta “competencia de causas” ha crecido con fuerza y generado confusión, y el auténtico apoyo mutuo entre ONG, que en su día era habitual, actualmente escasea, a pesar de los innumerables “acuerdos de colaboración”. (Una de los primeras empleadas de Survival, por ejemplo, venía de Oxfam y siguió percibiendo su salario de Oxfam.) El público se siente abrumado por diez mil causas, de las que algunas no son más que un engaño. Por ejemplo, después de cada gran catástrofe natural aparecen docenas de webs fraudulentas y supuestas “organizaciones benéficas”. ¿Cómo puede la gente decidir a quién creer, a cuál respaldar o ayudar?

Final de trayecto

Sin duda, la mayor tragedia de todas para Survival a lo largo de los últimos 50 años es el hecho de que muchas tribus, como los bos de las islas Andamán, han dejado de existir por completo o se han reducido a un puñado de supervivientes, o a uno solo, como el llamado “último de su tribu” en Brasil. Esto ha ocurrido sobre todo en las tierras bajas de Sudamérica, aunque también en otras partes.


Las buenas noticias

La voz indígena

Hace 50 años las soluciones propuestas por personas ajenas al “problema” de los pueblos indígenas y tribales en gran medida preconizaban bien la “integración” bien el “aislamiento”. Incluso muchos que estaban verdaderamente preocupados por el destino de las tribus no entendían realmente que toda decisión acerca de su futuro les correspondía exclusivamente a ellas. Esta ideología de “autodeterminación” no era muy conocida en la década de 1960, aunque pronto sería adoptada, por ejemplo por Survival, después de conocer los movimientos propios de los pueblos indígenas.

Esta es la principal diferencia crucial positiva entre ahora y entonces: en muchos lugares, los pueblos indígenas han creado sus propias organizaciones y alianzas para presionar por su defensa y sus derechos. Por ejemplo, muchos utilizan las redes sociales y el proyecto “Voz indígena” de Survival para dar a conocer sus preocupaciones e impulsar la acción de la gente en su apoyo. Esto no ha ocurrido en la misma medida en todas partes, y ha habido muchos retrocesos, arranques en falso e intervenciones improcedentes de gobiernos, empresas y grupos religiosos, pero la tendencia general apunta hacia el progreso.

Distintos pueblos indígenas son ahora mucho más conscientes de que se enfrentan a los mismos problemas en diferentes países. Sin embargo, es cierto que todavía reciben con incredulidad al personal de Survival cuando explican esto a algunas personas indígenas, especialmente las que están menos en contacto con la sociedad mayoritaria. El efecto psicológico de saber que no están solos en su lucha puede ser empoderador. Nos lo han dicho docenas de veces.

Los awás participan en el innovador proyecto "Voz indígena", de Survival.
Los awás participan en el innovador proyecto "Voz indígena", de Survival.
© Sarah Shenker / Survival International 2015

Conciencia pública y de los gobiernos

Hace 50 años, gran parte del público y de los medios apenas tenían idea siquiera de la existencia de los pueblos indígenas. Mucha gente pensaba que habían desaparecido o que estaban abocados irremediablemente a desaparecer. Muchos siguen creyendo esto último hoy, pero son pocos (al menos entre quienes se interesan por los asuntos mundiales) los que niegan la existencia de este importante sector de la humanidad. Evidentemente, el grado de conocimiento varía de un país a otro, pero el movimiento social en defensa de los derechos de los pueblos indígenas ha aumentado de unos pocos centenares de personas preocupadas a cientos de miles que levantan la voz en su apoyo.

Algunos países, especialmente norteamericanos, han admitido su responsabilidad sobre parte de la destrucción causada por políticas del pasado, particularmente sobre la brutalidad de la escolarización en internados de los niños y niñas indígenas, si bien esta tragedia continúa hoy en otros continentes.

Otros, particularmente en Asia y África, antaño negaban sistemáticamente la existencia de minorías indígenas o tribales dentro de sus fronteras, afirmando bien que “todos” eran indígenas bien que ninguno era “tribal”. Pese a que algunos todavía mantienen esta postura, cada vez suena más hueca y ha perdido terreno.

Hace medio siglo, mucha gente que vivía cerca de personas indígenas o tribales ni siquiera pensaba que era injusto maltratarlas o matarlas. Pocos pueden aducir ahora esta ignorancia.

Indígenas no contactados

A pesar de que hace tan solo diez años los grandes medios de comunicación negaran la existencia de pueblos indígenas no contactados, ahora se admite ampliamente que sí que existen. De hecho, Survival conoce muchas más tribus no contactadas de las que hace 50 años nadie, incluidos nosotros mismos, pensó que fuera posible. Son sin duda los pueblos más vulnerables del planeta y, a menos que se protejan sus tierras, casi seguro serán destruidos.

Su extrema vulnerabilidad frente a enfermedades foráneas apenas se conocía hasta que saltó al primer plano de la actualidad por la reacción de Survival ante el asesinato de un misionero estadounidense en las islas Andamán en 2018. Ahora es difícil afirmar que pueden producirse primeros contactos sin causar muertes por enfermedades contagiosas importadas. Esto se ha demostrado repetidamente, sobre todo en Brasil.

Éxitos

Cuando Survival inició su camino, muchos expertos predijeron que para finales del siglo XX ya no quedarían más indígenas amazónicos. Esto no ha ocurrido. Muchos pueblos indígenas han sido capaces de defender con éxito sus tierras o, en el caso de los pueblos menos contactados, han visto cómo sus territorios eran defendidos desde el exterior. Survival también ha contribuido directamente a ello, y a menudo su papel ha sido determinante para asegurar cientos de éxitos concretos: el reconocimiento de tierras, la expulsión de invasores o el regreso de tribus previamente expulsadas de sus tierras ancestrales. Dos ejemplos clave, que no habrían ocurrido si no fuera por Survival, fueron el reconocimiento oficial del territorio yanomami en Brasil, la región selvática más grande del mundo bajo protección indígena, y haber obligado al Gobierno de Botsuana a revertir su política de expulsión de los bosquimanos de sus tierras. También hemos jugamos un papel clave en frenar la explotación industrial de muchas zonas indígenas, como en Niyamgiri en India, en detener las expediciones de contacto a los sentineleses y en evitar que el Gobierno obligara a los jarawas, una tribu apenas contactada, a trasladarse a asentamientos. Es improbable que las tribus de las islas Andamán hubieran sobrevivido de no haber cambiado estas políticas.

Survival ha combatido tenazmente los estereotipos racistas del “brutal salvaje”, que supuestamente está a punto de extinguirse de forma inevitable. Esta labor ha mejorado significativamente la imagen de los pueblos indígenas y tribales, pese a que todavía quedan muchas lagunas.

Legislación

Tanto el derecho internacional como diversas legislaciones nacionales se han inclinado a favor de los derechos de los pueblos indígenas. En 2016, la Organización de Estados Americanos adoptó la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, y en 2007 Naciones Unidas aprobó una buena declaración sobre la misma cuestión (Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas – DNUDPI), después de décadas de debates. Cuatro países votaron inicialmente en contra: Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Estos son los principales territorios del mundo en que Gran Bretaña redujo a los pueblos indígenas a la miseria, matando con ello a muchos de sus miembros. Todos los países aceptaron finalmente que la DNUDPI había venido para quedarse. El convenio internacional relevante (Organización Internacional del Trabajo, 169) se actualizó en 1989 para reflejar mejor los problemas reales. Survival estuvo detrás de la ratificación por parte de España de esta norma en 2007. Por sí mismas, las legislaciones no cambian nada, pero marcan estándares y puede ser importantes factores a la hora de modificar actitudes.


El futuro

La consulta a la bola de cristal suele ser infructuosa y la mayoría de los grandes acontecimientos que más tarde se ha visto que han cambiado el rumbo de la historia no se predijeron correctamente en su momento.

No sé qué nos deparará el futuro, pero a menos que se extiendan todavía más las matanzas y los niveles draconianos de represión estatal, las voces de los pueblos indígenas en defensa de sus derechos probablemente cobrarán cada vez más fuerza. Su papel en la defensa de sus tierras y, más en general, en la protección del medioambiente se reconoce cada vez más a escala mundial. Su profunda comprensión de sus entornos naturales –aunque a menudo se exprese en un lenguaje diferente del de la ciencia occidental– puede y debe ser asumida por un mundo en que los derechos humanos y el cuidado efectivo del medioambiente vuelven a situarse en primer plano. Esto constituiría un gran paso adelante para ellos, para la naturaleza y para la humanidad entera. La biodiversidad es crucial para el bienestar de todos, del mismo modo que la diversidad humana, y esta la representan ahora, en gran medida, los pueblos indígenas y tribales de todo el mundo.


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