Los matsés

“No conocemos fronteras”

Existen alrededor de 2.200 matsés que viven en la selva amazónica en la frontera entre Perú y Brasil.

El río Yaquerana recorre el corazón de su tierra y señala la frontera internacional que separa su hogar.

Pero para los matsés, los arroyos, las planicies aluviales y las selvas de arena blanca conforman un territorio ancestral compartido por toda la tribu.

No comemos alimentos de la fábrica, no compramos cosas.

Por eso necesitamos espacio para cultivar nuestra propia comida.

Navegando por la selva

Los matsés cazan en la selva animales como el tapir y la paca, un roedor grande, utilizando arcos y flechas, trampas y escopetas.

Las comunidades viven cerca de la ribera, y cada mañana niños y adultos se ponen en marcha para capturar el pescado del día.

En sus huertos crece una gran variedad de cultivos, entre ellos alimentos básicos como el plátano y la yuca.

El chapo, una bebida dulce hecha con plátano, siempre está hirviendo en el hogar de un matsés. Las mujeres cocinan la fruta madura y exprimen su tierna carne con coladores caseros hechos de hoja de palma.

Esta deliciosa bebida se sirve caliente, junto al fuego, y se suele beber mientras uno se mece en una hamaca.

Cuando no hay colegio, los padres llevan a los niños a los huertos para enseñarles cómo cultivar su propia comida.

Ranas para ser valientes

Las ranas no son solo una delicatessen culinaria, sino que también tienen un uso práctico.

Una especie de rana verde conocida como “acate” segrega un fluido que utilizan tanto hombres como mujeres para obtener valor y energía, y mejorar las habilidades de caza.

Los hombres recolectan el fluido frotando la piel de la rana con un palo. Luego se aplica en pequeños agujeros que se queman en la piel del receptor.

El mareo y las náuseas pronto dan paso a una sensación de claridad y fuerza que puede durar varios días.

Los hombres matsés soplan tabaco, o polvo de “nënë”, por la nariz de los otros hombres para darles fuerza y energía.

Un hombre matsés recibe veneno de rana. Sus brazos y su pecho muestran las cicatrices donde el veneno se ha aplicado previamente.
Un hombre matsés recibe veneno de rana. Sus brazos y su pecho muestran las cicatrices donde el veneno se ha aplicado previamente.
© James Vybiral/Survival

El veneno de rana, que se utiliza con frecuencia antes de expediciones de caza, incrementa la claridad, la visión y la energía.
El veneno de rana, que se utiliza con frecuencia antes de expediciones de caza, incrementa la claridad, la visión y la energía.
<p>© James Vybiral/Survival</p>

Un hombre matsés esnifa potente polvo de tabaco. Duele, pero es efectivo: la fuerza y la energía del hombre mejoran.
Un hombre matsés esnifa potente polvo de tabaco. Duele, pero es efectivo: la fuerza y la energía del hombre mejoran.
© James Vybiral/Survival

Los espíritus de las plantas como medicina

Los curadores matsés tienen una profunda comprensión de cómo se pueden utilizar las plantas de la selva para curar enfermedades.

Para los matsés, las plantas y los animales tienen espíritus al igual que los humanos, y pueden dañar o sanar un cuerpo humano.

Un curador identificará la causa de la enfermedad de su paciente y la tratará con su respectiva planta medicinal.

Un dolor de garganta, por ejemplo, puede estar causado por haber comido carne de mono aullador, y se puede tratar con una planta que se parece a la laringe del mono.

Desde el contacto, los matsés han sufrido graves enfermedades, especialmente malaria y otras dolencias introducidas y que sus plantas medicinales no pueden curar.

Amenazas de veneno

En 1969, los matsés fueron contactados por miembros de un grupo misionero estadounidense, el Summer Institute of Linguistics.

Los misioneros llegaron después de que se produjeran violentos enfrentamientos entre los colonos locales, que intentaban construir una carretera a través del territorio de los matsés, y los indígenas, que estaban defendiendo su tierra. Varios colonos fueron asesinados después de ocupar una de las casas comunales de los matsés e izar la bandera peruana, lo que provocó la intervención del ejército.

Desde entonces, los matsés han abandonado sus casas comunales y viven en casas familiares individuales, y muchas de sus antiguas ceremonias ya no se practican.

Se pone en conocimiento de los habitantes de esta zona que si en caso de seguir cometiendo crímenes y robos… serán exterminados por bombas y gases asfixiantes que serán lanzados por la aviación y las fuerzas terrestres que harán lo propio.

Si cambian de actitud serán recibidos con los brazos abiertos en el seno de la civilización, así lo ha dicho el presidente de la república Fernando Belaúnde Terry.

Anuncio clavado por los colonos en una casa matsés.

Los matsés no sabían leer.

Nuestros antepasados siempre nos dijeron que los foráneos inician los conflictos. Como durante la fiebre del caucho, van a venir de nuevo para causar conflictos entre nosotros. Marcos, hombre matsés

© James Vybiral/Survival

Otros pueblos indígenas permanecen aislados y viven cerca de los matsés tanto en Perú como en Brasil.

Durante la década de los 90, los madereros inundaron el territorio de los matsés y los indígenas no contactados huyeron. Ahora los matsés dicen que están regresando.

“Cuando los madereros invadieron nuestra tierra, los indígenas aislados desaparecieron de la selva. Ahora hemos expulsado a los madereros y los indígenas están volviendo.

La empresa petrolera los obligará a huir de nuevo…”

Vayan y díganle al mundo entero que los matsés nos mantenemos firmes en nuestra posición contra la empresa petrolera. ¡No queremos que invada nuestra tierra!

Antonia Duni Goya Nesho, mujer matsés: “Deben de estar sordos”.

Nueva amenaza desde Canadá

En 2012, la empresa petrolera canadiense Pacific E&P comenzó exploraciones petrolíferas en tierra habitada por los matsés y sus vecinos indígenas no contactados.

El lote petrolero 135 se sitúa directamente en una zona que ha sido propuesta como reserva para proteger a los pueblos indígenas no contactados. Un segundo lote, el 137, ya se ha demarcado directamente sobre tierras con titularidad atribuida a los matsés. La empresa canadiense tenía permisos para realizar exploraciones petrolíferas en ambas concesiones.

El petróleo destruirá el lugar donde nacen nuestros ríos. ¿Qué pasará con los peces? ¿Qué beberán los animales?

En el proceso suelen utilizarse miles de explosiones subterráneas a lo largo de cientos de senderos abiertos en la selva para ubicar los yacimientos de petróleo.

Las explosiones ahuyentan a los animales, por lo que quedan pocos alimentos que cazar. Es probable que las pruebas de perforación también contaminen los ríos donde los matsés pescan y cazan.

Además, permite a las empresas dejar expuestas zonas remotas y establecer campamentos allí. Ello aumenta el riesgo de contacto y lleva a los indígenas aislados a huir.

Los matsés se han opuesto repetidamente a los trabajos de la empresa petrolera y en 2016 y 2017 Pacific E&P se retiró de ambas concesiones.

Los indígenas luchan ahora para que estos dos lotes sean cancelados y que nuevos contratos no puedan ser adjudicados a otras compañías petroleras.

Los indígenas aislados son como nosotros antes de ser contactados por los misioneros. Se desplazan de sitio a sitio, y huyen cuando ven a un blanco. Cuando oyen que alguien se acerca esconden sus huellas con hojas y palos, igual que hacíamos nosotros. Pero yo sé que están ahí. Le puedo asegurar que están ahí.

Cómo podemos ayudar

En 2012 Perú prometió fortalecer la protección legal para los derechos de los pueblos indígenas, pero ha concedido a Pacific E&P licencias de exploración en contra de los deseos manifiestos de los matsés.

Esto es lo que puedes hacer:

Dile al Gobierno de Perú que proteja a los matsés no contactados

Envía un email a Pacific E&P


Apremia al Gobierno peruano a prohibir las exploraciones petrolíferas

Escribe una carta al Gobierno de Perú