El sector de la conservación afirma que 2020 es su “súper año”1. Quiere convertir el 30 % del planeta en una reserva para la vida salvaje y desviar miles de millones de dólares destinados a mitigar el cambio climático hacia “soluciones climáticas naturales”2. Esto sería un desastre para la humanidad y para el planeta. El conservacionismo surgió de la ideología racista norteamericana de 1860, pero hace treinta años se comprometió a hacerse más amable. No ha ocurrido. Ahora habrá más promesas, aunque solo sea para contentar a críticos y financiadores como los gobiernos de Estados Unidos y Alemania y la Comisión Europea, que están pagando por el robo de tierras, asesinatos y torturas en nombre de la conservación de la naturaleza3. Más promesas vanas. No se debe destinar más dinero público a “Áreas Protegidas” hasta que las entidades conservacionistas reconozcan sus crímenes, depongan a los responsables y devuelvan las tierras robadas con la debida indemnización. Las ONG conservacionistas también deben dejar de colaborar con compañías mineras, madereras, petroleras y agroindustriales.

 

Los pueblos indígenas y tribales son los mejores conservacionistas y guardianes del mundo natural, pero están siendo expulsados ilegalmente de sus tierras ancestrales en nombre de la conservación de la naturaleza.Los pueblos indígenas y tribales son los mejores conservacionistas y guardianes del mundo natural, pero están siendo expulsados ilegalmente de sus tierras ancestrales en nombre de la conservación de la naturaleza.

© Fiore Longo/Survival International


La última ocurrencia que van a promover con fuerza las grandes ONG conservacionistas consiste en duplicar las llamadas “áreas protegidas” (AP) del mundo, de manera que lleguen a abarcar un 30 % de la tierra firme y los océanos del planeta. Este es ahora su principal anzuelo y su respuesta a dos de los mayores problemas del mundo: el caos climático y la pérdida de biodiversidad. Suena atractivo: es un mensaje fácil de entender e incluye cifras aparentemente medibles, y a los anunciantes les encantan las cifras.


¿Qué mejor respuesta al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad que prohibir la “interferencia” humana en grandes áreas? Esto lo verás así si piensas que “todo el mundo” es culpable de provocar ambas crisis y que todo se resolverá manteniéndonos alejados de esas regiones. Idea que ha estado sobre la mesa durante años, pero que ahora los gobiernos y las industrias promueven al amparo de miles de millones de dólares4, de modo que será difícil oponerse. Sin embargo, en realidad es una insensatez peligrosa que tendría exactamente el efecto contrario al que nos dicen, y si queremos salvar nuestro mundo debe ser frenada. 


Que quede claro que la reducción de la contaminación destructiva a escala planetaria es vital para el clima y que el freno a la explotación industrial de las zonas intactas es esencial para la flora y la fauna, así como para la salud física y mental de sus habitantes y visitantes. Nada de esto está en discusión, pero no son estos los argumentos que se alegan para afirmar el derecho de este “Nuevo Pacto por la Naturaleza” a acaparar más dinero de los contribuyentes. Se trata de un truco publicitario para desviar todavía más fondos a manos de quienes han demostrado durante decenios su incapacidad para mitigar tanto el cambio climático como la pérdida de biodiversidad.


Supongamos que lograran acotar una gran extensión de territorio. Como ocurrió con el emperador con su nuevo traje, hasta un niño puede ver que esto no necesariamente comportaría mejora alguna en el caos climático, ya que no afectaría a lo que sucede en el 70 % restante del mundo donde se origina la mayor parte de la contaminación. Si en el exterior se genera la misma cantidad de contaminación, entonces no importa qué pasa dentro de las Áreas Protegidas (AP), pues estas también dependen del clima mundial y no se pueden poner vallas al viento. Si no se reducen las emisiones industriales en todo el planeta, mantener intactos los bosques existentes o plantar montones de árboles simplemente no bastará para resolver el problema. Si destruyes la atmósfera –aunque solo sea desde algunas zonas de la Tierra– la destruirás en todas partes.


No es la primera vez que llamados “expertos” promueven una política que incluso los más pequeños pueden ver que no tiene sentido. Pero saben que si cuentan una mentira, por muy gorda que sea, y la repiten, al final la gente se la creerá.


¿Qué decir de la segunda afirmación, de que se precisan más AP para asegurar la protección de la biodiversidad? Todo el mundo, y con razón, quiere más biodiversidad: cuanto más diverso es un ecosistema, tanto más probable es que se adapte y sobreviva. “Biodiversidad” se refiere a la enorme variedad de vida, y las formas de vida están interconectadas: dependen unas de otras. Allí donde la flora y la fauna han quedado reducidas a unas pocas especies, se produce un efecto dominó que reduce todavía más su número5.


Aunque resulta obvio, merece la pena incidir con una doble metáfora: cuando el dominó se convierte en efecto “bola de nieve”, los ecosistemas se convierten en desiertos por muy verdes que se vean. Las plantaciones de palma aceitera que antes ocupaban selvas tropicales son un claro ejemplo de lo que ocurre cuando se plantan miles de árboles en una zona donde la biodiversidad se ha recortado a apenas unas pocas especies. Tales plantaciones son, efectivamente, “desiertos verdes”.


Propaganda aparte, es imposible determinar científicamente cuán efectivas son las AP en la mejora de la biodiversidad. Por ejemplo, una línea marcada alrededor de una zona de gran biodiversidad, que luego se declara parque nacional, no demuestra nada con respecto al parque: la biodiversidad ya existía previamente. Sin embargo, existe un consenso bastante amplio en torno a una cosa: las AP no son la solución. 


Resulta que la mayor diversidad no se encuentra en áreas donde se prohíbe toda interferencia humana, sino todo lo contrario: se encuentra en lugares que habitan comunidades tribales, indígenas y locales que hacen lo que han estado haciendo siempre. Es así de simple: no es cierto decir que todos compartimos la responsabilidad por la pérdida de biodiversidad. Hay estudios que demuestran que los bosques comunitarios sufren menos deforestación que dentro de las AP, y que la “naturaleza” logra mejores resultados en las zonas gestionadas por pueblos indígenas que en otros lugares 6. En países tan diferentes como Australia, Brasil o Canadá encontramos más diversidad en los territorios indígenas que en las AP 7. Parece claro que la diversidad biológica y la humana están interrelacionadas.


Esta es una cuestión clave que las ONG conservacionistas no han querido que sepa el público cuando solicitan más dinero: las áreas gestionadas por las poblaciones locales, especialmente si son indígenas, son mucho mejores que las AP impuestas por gente venida de fuera. Un estudio concluye, aunque tímidamente, que “la noción de que las reservas indígenas son menos eficaces que los parques… tiene que revisarse”8. ¡Exacto! Ya es un hecho reconocido que albergan no menos del 80 % de la diversidad global de especies. Esta es la verdadera razón por la que los conservacionistas quieren el control de esas áreas. Ahora están victimizando a los pueblos indígenas precisamente por su buena gestión medioambiental.


Guardias de Gabón financiados por WWFGuardias de Gabón financiados por WWF

© WWF


Incluso en los casos en los que se ensalza a las AP por estar destinadas a preservar especies icónicas, las pruebas son ambivalentes. Por ejemplo, el anterior dirigente de una ONG conservacionista piensa que podría haber más tigres de Bengala fuera de las áreas protegidas que dentro de ellas. Nadie lo sabe, pero lo cierto es que cuando los colonizadores británicos encarcelaron a los cazadores indígenas de elefantes de la tribu waliangulu en la década de 1950 en Kenia, el número de elefantes aumentó con rapidez, pero solo para disminuir notablemente cuando sobrevino la siguiente sequía y las manadas eran demasiado grandes para ser sostenibles. Miles de ejemplares murieron de hambre, y se restableció dramáticamente un equilibrio que los waliangulu habían conseguido mantener durante generaciones o milenios. En Sudáfrica se sacrificó un promedio de unos 600 elefantes al año entre 1967 y 1996 (sin publicidad, para evitar la reacción adversa de los donantes a la conservación)9. Prohibir la caza tradicional indígena es generalmente nocivo para la biodiversidad.


Tratar de proteger la “naturaleza” haciéndola inaccesible para las poblaciones locales no ha dado resultado. Tampoco ayuda que muchas AP no estén realmente protegidas: son objeto de explotación industrial como la minería, la tala de árboles para madera, las plantaciones, concesiones para la caza de trofeos o amplias infraestructuras turísticas de alta gama. La población local es expulsada de su territorio mientras una u otra industria, asociada con una u otra gran ONG conservacionista, se apodera de sus tierras.


Nos guste o no, muchas AP consisten en el robo de tierras de las poblaciones locales para que otros obtengan beneficios en la misma medida que se crean con fines de conservación. La famosa Reserva de Caza del Kalahari Central en Botsuana es la segunda “reserva de caza” más grande del mundo, pero también se cede para exploraciones mineras. Dentro de ella hay una mina de diamantes, con sus carreteras de acceso y maquinaria pesada, y donde un puñado de bosquimanos que llevan generaciones viviendo en la zona desempeñan ocasionalmente trabajos de baja cualificación (el gobierno los expulsó, pero más tarde el Tribunal Supremo le obligó a readmitirlos en la reserva). Como en casi todas las AP africanas, dentro de la reserva hay alojamientos de lujo para turistas ricos. El responsable del turismo y la minería es el expresidente del país, el general Ian Khama, un muy loado conservacionista que llegó a ser miembro del consejo de administración de la ONG Conservation International.


Este robo de tierras es un problema para todo el mundo, y no solo porque los indígenas sean por lo general mucho mejores conservacionistas que “nosotros”. No resulta sorprendente que la población local muestre su rechazo al saqueo de sus tierras y de su autosuficiencia para el beneficio de otros, y que su necesidad de alimento, y a veces su ira, se traduzcan en el incumplimiento de las prohibiciones de caza (convirtiéndose en “cazadores furtivos” por tratar de alimentar a sus familias), así como en acciones encaminadas a recuperar su territorio ancestral. Por ejemplo, los pastores cuyos rebaños han sido expulsados de las “áreas de conservación” en África oriental cortan las vallas para volver a entrar. Pueden ir armados y los enfrentamientos violentos van en aumento. Algunos investigadores temen que el derramamiento de sangre sea inevitable10 y que la creciente militarización de la conservación solo empeore las cosas. Sin embargo, este es el modelo contemplado para el futuro de las AP, supuestamente implantado con el apoyo de comunidades locales (lo que a menudo es mentira). Cuentan con el respaldo de la ONG estadounidense The Nature Conservancy y son en gran medida inversiones con ánimo de lucro destinadas a empresas y turistas ricos. Actualmente se están apoderando de enormes extensiones de África oriental y otras regiones.


Del mismo modo que los africanos se libraron (al menos en parte) de la dominación europea el siglo pasado, es improbable que consientan sin más lo que se considera una nueva colonización, esta vez por parte de los conservacionistas. A menos que las cosas cambien, las AP en África se convertirán en campos de batalla reales, no metafóricos. Los ecologistas serios saben que no se puede mantener una AP durante mucho tiempo si está rodeada de una población enfurecida, pero los grupos conservacionistas parecen incapaces de cambiar su práctica. Exhortan a la industria a volverse sostenible, mientras promueven su propio modelo, que visiblemente no lo es.


El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), por ejemplo, viola regularmente los derechos humanos, la ley y sus propias normas. Ya ha gastado millones de dólares para promover ilegalmente la creación de un nuevo parque en el Congo, Messok Dja. El dinero proviene del propio WWF y de sus cómplices, entre ellos empresas madereras, de producción de aceite de palma y de turismo de lujo, así como de la Wildlife Conservation Society, el Gobierno de Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas. Como ha ocurrido con la creación de casi todas las AP africanas, el primer paso ha consistido en expulsar y aterrorizar a la población local de la tribu baka, que probablemente vive en esas selvas desde hace miles de años y que ha adaptado y gestionado de forma sostenible su entorno rico en biodiversidad. Ahora los retienen fuera de sus tierras ancestrales y los atemorizan, apalean y detienen si retornan en busca de sus alimentos tradicionales y hierbas medicinales.


Esta es la situación que imperará en el 30 % del globo incluido en el Nuevo Pacto por la Naturaleza: un tercio del planeta robado con fines de lucro. Se trata de un nuevo colonialismo, el mayor robo de tierras del mundo, supuestamente “verde” y presuntamente destinado a salvar al mundo: una mentira enorme. Como dice Odette, una mujer baka del Congo, refiriéndose a esta clase de proyectos de conservación impuestos que no funcionan: “Ya estamos hartos de toda esa palabrería sobre ‘lindes’ en el bosque. El bosque es nuestro”11.


A lo largo de las dos últimas generaciones se ha demostrado con creces que las conferencias de directivos de empresas, ONG, políticos y personalidades no van a resolver las crisis climática y de la biodiversidad. Quienes asisten a esas reuniones figuran entre los principales causantes de los problemas, y lo que menos desean es aceptar algún cambio que pueda constituir una amenaza para su posición. Debaten sobre declaraciones que nadie aplica realmente, ni tan siquiera lo intentan, y que contienen muchas cláusulas que perpetúan el statu quo. Las conferencias y declaraciones vienen rodeadas de un enorme circo mediático que se parece al taller del emperador, en el que cientos de sastres se afanan por cortar a medida trajes de un material tan rarificado que no llegan a cubrir su desnudez. 


Vínculos corporativos pasados y actuales de WWF (lista incompleta, información extraída de la web de WWF, junio 2016)Vínculos corporativos pasados y actuales de WWF (lista incompleta, información extraída de la web de WWF, junio 2016)

© Survival


Las verdaderas respuestas a las crisis del clima y de la biodiversidad pasan por un cambio radical del enfoque actual y en el rechazo al Nuevo Pacto por la Naturaleza y su incapacidad para comprender la relación entre los pueblos indígenas y sus entornos naturales. Si realmente queremos salvar nuestro mundo, entonces tenemos que empezar con los ricos para que reduzcan su sobreconsumo masivo. El 10 % más rico de la población genera alrededor de la mitad de la contaminación total del planeta12, de modo que son ellos los que han de esforzarse más por reducirla. Hay que entender que los conflictos militares y el crecimiento de la tecnología de la información son grandes contaminadores. Los primeros apenas se mencionan en el activismo climático, y los planes para el segundo son justo lo contrario de lo que se necesita hacer, con más “inteligencia artificial” hambrienta de energía creada para vigilar nuestras vidas en beneficio de la industria y del control estatal13. Si vamos a reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, también tendremos que reducir la dependencia de la tecnología “inteligente” y aceptar el hecho de que las verdaderas soluciones no se hallan en operaciones de marketing como “cero neto”, compensaciones, mercados de carbono  o “poner precio a la naturaleza”. Las verdaderas soluciones las tienen las poblaciones locales que han creado y gestionado con éxito la biodiversidad de la Tierra desde la prehistoria.


La humanidad en su conjunto no es responsable de estos problemas, pero un sector particular sí lo es, y es el mismo que viene ahora pregonando el Nuevo Pacto por la Naturaleza. Quienes lo promueven quieren dictar cómo debe vivir el resto del mundo, pero actúan ante todo en interés propio. La prohibición de toda actividad humana en un número creciente de las llamadas “Áreas Protegidas” es más que nada otra manifestación de la arrogancia que nos ha llevado a este desastre. Las poblaciones locales –aquellas que conservan cierto grado de autosuficiencia, sentido común y conexión con su entorno natural– siguen siendo aún hoy la columna vertebral más fuerte de la humanidad. Tienen mejores respuestas que los tecnócratas del conservacionismo y otras elites mundiales que carecen de su perspectiva. Expulsar de sus tierras a todavía más pueblos indígenas y locales los condena, en el mejor de los casos, a la pobreza de los sin tierra y, en el peor, los destruye a ellos y al medioambiente. Sería catastrófico para todo el mundo.


Deberíamos respetar los derechos de los pueblos indígenas sobre sus tierras y animar a estos, al igual que a otras comunidades locales, a quedarse donde están –si lo desean– para seguir gestionando sus tierras a su manera, y sobre todo poner fin al robo de sus territorios con fines de conservación. Quienes lo deseen, podrán mantener su autosuficiencia sin que se vean obligados a integrarse en los mercados mundiales que benefician sobre todo a quienes más contaminan. Debemos devolverles las tierras que les han sido robadas para que puedan gestionarlas ellos mismos. Hemos de escucharlos en vez de destruirlos, como estamos haciendo ahora.


Está por ver si esto se hará realidad. Las pocas voces que señalan que el emperador está desnudo se enfrentan al griterío ensordecedor de los propagandistas de la conservación y los grandes medios, que aúllan que el Nuevo Pacto por la Naturaleza es la solución perfecta. La credulidad de la gente y su capacidad para romper con sus prejuicios y poderosos intereses creados determinarán cuál de las voces saldrá ganando. Es una batalla real y el resultado determinará cuánta naturaleza más será robada a este hermoso mundo que hemos contribuido a crear.


 


Survival International es el movimiento global por los pueblos indígenas. Los ayudamos a defender sus vidas, proteger sus tierras y decidir su propio futuro.


Únete ahora para amplificar la voz indígena y cambiar el mundo en su favor.


 


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1) WWF Ecological. “2020: let’s put nature top of everybody’s to-do list.” Ecological.panda.org. 20/04/2018. http://ecological.panda.org/2018/04/20/2020-lets-put-nature-top-everybodys-list/ (visitada el 13/02/2020) 


2) Tollefson, Jeff. “Global deal for nature’ fleshed out with specific conservation goals.” Nature, 19/04/2019. https://www.nature.com/articles/d41586-019-01253-z (visitada el 13/02/2020) 


3) Baker, Katie & Tom Warren. “The US Government Spent Millions Funding WWF-Backed Forces Accused Of Torture and Murder.” Buzzfeed News, 24/09/2019. https://www.buzzfeednews.com/article/katiejmbaker/united-states-government-millions-wwf-guards-abuses  (visitada el 13/02/2020) 


Baker, Katie & Tom Warren. “WWF Says Indigenous People Want This Park. An Internal Report Says Some Fear Forest Ranger Repression.” Buzzfeed News, 08/03/2019. https://www.buzzfeednews.com/article/katiejmbaker/wwf-eu-messok-dja-fears-repression-ecoguards (visitada el 13/02/2020) 


4) El valor calculado del total mundial de los servicios de los ecosistemas en 2011 es de 125 billones de dólares al año. Costanza, Robert, Rudolf De Groot, Paul Sutton, Sander Van der Ploeg, Sharolyn J. Anderson, Ida Kubiszewski, Stephen Farber y R. Kerry Turner. “Changes in the global value of ecosystem services.” Global environmental change 26 (2014): 152-158. https://community-wealth.org/sites/clone.community-wealth.org/files/downloads/article-costanza-et-al.pdf (visitada el 13/02/2020) 


5) Carrington, Damian. “What is biodiversity and why does it matter to us?” The Guardian, 12/03/2018. https://www.theguardian.com/news/2018/mar/12/what-is-biodiversity-and-why-does-it-matter-to-us (visitado el 13/02/2020) 


6) Porter-Bolland, Luciana, Edward A. Ellis, Manuel R. Guariguata, Isabel Ruiz-Mallén, Simoneta Negrete-Yankelevich y Victoria Reyes-García. “Community managed forests and forest protected areas: An assessment of their conservation effectiveness across the tropics.” Forest ecology and management 268 (2012): 6-17.


7) El estudio solo midió la diversidad de animales vertebrados. Schuster y cols., 2019, “Vertebrate biodiversity on indigenous-managed lands in Australia, Brazil, and Canada equals that in protected áreas”, Environmental Science & Policy Volume 101, noviembre de 2019, páginas 1-6. 


8) Woods Hole Research Center. “Satellites Show Amazon Parks, Indigenous Reserves Stop Forest Clearing.” ScienceDaily. www.sciencedaily.com/releases/2006/01/060126200147.htm (visitada el 13/02/2020). 


9) Dickson, Paul, and William M. Adams. “Science and uncertainty in South Africa’s elephant culling debate.” Environment and Planning C: Government and Policy 27, n.º 1 (2009): 110-123. 


10) Letiwa, Paul. “Herders protest as wildlife conservancies drive them out.” The Daily Nation, 18/08/2019. https://www.nation.co.ke/news/Herders-protest-as-wildlife-conservancies-drive-them-out-/1056-5239474-12o2utwz/index.html (visitado el 13/02/2020).


11) Survival International. “We’ve had enough of this talk of ‘boundaries’ in the forest.” YouTube video, 01:00. 04/01/2019. https://www.youtube.com/watch?v=qD3Hpf2nv4U (visto el 13/02/2020). 


12) Gore, Timothy. Extreme Carbon Inequality. London: Oxfam. 02/12/2015. (El informe está disponible en español y francés en https://www.oxfam.org/en/research/extreme-carbon-inequality) (visitada el 13/02/2020). 


13) Véase: Lu, Donna. “Creating an AI can be five times worse for the planet than a car.” New Scientist, 06/06/2019. https://www.newscientist.com/article/2205779-creating-an-ai-can-be-five-times-worse-for-the-planet-than-a-car/#ixzz68GvqdU7r (visitado el 13/02/2020). 


Berners-Lee, Mike and Duncan Clark. “What’s the carbon footprint of … email?” The Guardian, 21/10/2010. https://www.theguardian.com/environment/green-living-blog/2010/oct/21/carbon-footprint-email (visitado el 13/02/2020).