Brasil: donde las vidas de los indígenas no valen siquiera una señal de tráfico

Damiana Cavanha, lideresa guaraní. Cinco de sus parientes murieron atropellados.

Damiana Cavanha, lideresa guaraní. Cinco de sus parientes murieron atropellados.

© Fiona Watson/Survival

Fiscales federales de Brasil han exigido al Gobierno que pague la suma de 1.400 millones de reales (630.000 dólares americanos) como compensación a los indígenas guaraníes y que instale señales de tráfico después de que ocho indígenas de una comunidad murieran atropellados.

Durante décadas la comunidad guaraní de Apy Ka’y se ha visto obligada a acampar en los bordes de una peligrosa carretera principal tras haber sido expulsados de su tierra, que ahora ocupa una vasta plantación de caña de azúcar. El año pasado reocuparon parte de su territorio, pero el camino sigue suponiendo una seria amenaza.

Cinco de las víctimas mortales, arrolladas por conductores que se dieron a la fuga, eran parientes de la lideresa de la comunidad, Damiana Cavanha, quien está presionando para que se les devuelva el territorio ancestral indígena que les corresponde. La víctima más joven tenía solo cuatro años.

Damiana cree que están siendo deliberadamente identificados como objetivos por los vehículos que pertenecen a los terratenientes que ocupan su tierra.

El fiscal general de la república, Marco Antonio Delfino de Almeida, acudió a los tribunales para obligar al estado a instalar señales de tráfico y avisos reguladores de velocidad en el camino que transcurre junto a los guaraníes. El tribunal rechazó su petición y el Gobierno declaró el camino “seguro”. “Los indígenas en este estado no son merecedores ni tan siquiera de una señal de tráfico”, declaró Delfino al diario británico Sunday Times.

Los fiscales federales también han recomendado que se multe a la FUNAI, el Departamento de Asuntos Indígenas de Brasil, con 1,7 millones de reales (770.000 dólares americanos) por su fracaso en la demarcación y protección de la tierra de Apy Ka’y y de muchas otras comunidades guaraníes, tal y como consagran la Constitución y un acuerdo oficial sobre demarcación de territorio guaraní firmado en 2007.

Obligados a vivir hacinados en reservas y en campamentos que levantan junto a las cunetas de las carreteras, los guaraníes registran tasas alarmantes de desnutrición, enfermedades y suicidios, y sus líderes son perseguidos y asesinados por pistoleros que contratan los terratenientes que ocupan sus tierras.

Delfino de Almeida declaró: “Esto es comparable a un verdadero confinamiento humano (…) los guaraníes viven en condiciones terribles, arriesgando lo más preciado que tienen: su vida misma”.

Damiana Cavanha dijo a un investigador de Survival International, el movimiento global por los derechos de los pueblos indígenas y tribales: “Somos refugiados en nuestro propio país (…) Hemos perdido todo, excepto la esperanza de que volveremos a nuestra tierra ancestral”.

Accede a la galería de fotos de Survival que documenta la desesperada situación de la comunidad de Damiana, y actúa para apoyar a los guaraníes.