Etiopía arremete contra Survival

Los nyangatom viven en las riberas del río Omo, en Etiopía. Etiopía arremete contra Survival
Los nyangatom viven en las riberas del río Omo, en Etiopía. Etiopía arremete contra Survival
© Eric Lafforgue/Survival

El reciente ataque del primer ministro Meles Zenawi contra Survival International no da la talla. Asegura que organizaciones como Survival International, que están haciendo campaña contra la polémica construcción de la presa Gilgel Gibe III en el río Omo, en Etiopía, son “irracionales y casi criminales”.

La embajada etíope en Alemania acusa a Survival de hacer “alegaciones sin ninguna base ni fundamento”, de “hacer el mal” y de estar “dispuestas a hacer todo lo que esté a su alcance para descarrilar el desarrollo económico del país”.

Survival no desea paralizar proyectos que mejorarán las condiciones del pueblo etíope. Y aunque tenemos serias dudas sobre la capacidad del proyecto Gibe III para conseguir ese resultado (dudas que podrían compartir el Banco Europeo de inversiones y el Banco Africano de Desarrollo, que han decidido no financiar la presa), aceptamos que esa es una cuestión que en última instancia debe decidir el Gobierno de Etiopía.

Pero el Gobierno debe tomar decisiones que respeten los compromisos internacionales que ha asumido libremente y su propia constitución, que es muy clara al respecto: “Todos los acuerdos internacionales ratificados por Etiopía son parte integral de la ley del país” (artículo 9.4). También establece que “los ciudadanos tienen derecho a la plena consulta y a expresar sus opiniones en la planificación e implementación de (…) proyectos que los afecten directamente” (artículo 92.4).

Desgraciadamente, el Gobierno prefiere lanzar violentos ataques contra cualquiera que llame la atención sobre el hecho de que elige ignorar estos compromisos de forma sistemática.

El primer ministro dice que la “pregunta racional” que debe hacerse es si el impacto negativo de Gibe III ha sido “reducido en la mayor manera posible (y) si existen reparación y compensación adecuadas”. La “respuesta” a esta pregunta es que no se ha hecho ningún intento serio de mitigar el impacto de Gibe III, y que no hay evidencia creíble de que las comunidades indígenas que viven junto al río vayan a ser compensadas, adecuadamente o en absoluto.

Pero el primer ministro ha hecho la pregunta equivocada. Ha dado por hecho que, siempre y cuando mitigue el impacto y pague la compensación, cualquier sacrificio que se requiera de las comunidades junto al río podrá ser justificado con la excusa de promover el desarrollo de la nación en su conjunto. Esto es completamente erróneo, como Zenawi bien sabe.

Hace ya 35 años que Etiopía ratificó la Convención de Naciones Unidas sobre la Raza, y por tanto aceptó que “los objetivos de desarrollo no son una justificación para la violación de los derechos humanos internacionalmente reconocidos”. El país confirmó su compromiso con este principio cuando en 1993 votó a favor de la Declaración de Viena, que dice explícitamente que “la falta de desarrollo no puede invocarse como justificación para limitar los derechos humanos internacionalmente reconocidos”. Otros tratados ratificados por Etiopía que contienen el mismo principio incluyen el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas y la Carta Africana.

Cada uno de estos tratados también reconoce el derecho de las comunidades a ser adecuadamente consultadas sobre los proyectos de desarrollo que las afectan. Más recientemente, la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007, confirmó que “Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de sus propias instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que afecte a sus tierras o territorios y otros recursos, particularmente en relación con el desarrollo (…) de recursos (…) hídricos”.

Etiopía no se opuso a la Declaración, pero no ha hecho el más mínimo esfuerzo para conseguir el consentimiento libre e informado de las comunidades indígenas que viven río abajo de donde se proyecta construir Gibe III. No puede pretender que lo ha hecho. Mientras Zenawi continúe haciendo lo mismo que ha prometido repetidamente que no haría, Survival y otros como nosotros seguiremos pidiéndole explicaciones. Quién sabe, tal vez finalmente decida centrarse en el problema, en lugar de en el color de nuestra piel o el comportamiento de nuestros ancestros coloniales.