Se firma un acuerdo innu mientras los príncipes Guillermo y Catalina visitan Canadá

Niños innu
Niños innu
© Serge Jauvin/Survival

Los príncipes Guillermo y Catalina, duques de Cambridge, han visitado Yellowknife en los Territorios del Noroeste de Canadá. Según las informaciones, fueron recibidos por percusionistas y bailarines inuit y chipewyan, y posteriormente visitaron un tipi en Blatchford Lodge.

Mientras los príncipes recorrían Canadá, otro pueblo indígena del país, los innu de Labrador, han votado para ratificar el acuerdo del “Nuevo Amanecer” (“Tshash Petapen”), una reivindicación territorial que lleva en negociaciones con los Gobiernos provincial y federal desde hace más de 20 años.

El acuerdo incluye la aprobación del proyecto hidroeléctrico de Lower Churchill, del que los innu recibirán beneficios, y que les concede derechos de caza en amplias zonas de Labrador, además de compensarlos por las inundaciones provocadas por la construcción de la presa de Churchill Falls en los años 60, cuando los innu no fueron ni consultados ni recibieron compensación. Algunos innu se oponen al proyecto, como Elizabeth Penashue, que dijo en declaraciones a la televisión canadiense: “El río Churchill va a morir. No habrá más vida. Dinero, y muchas casas, mucho dinero… el río va a morir. Se acabó”.

Los innu es el pueblo indígena de los que hablan algonquin que vive más al norte, en toda Norteamérica. Ocupan una enorme zona de bosques subárticos, ríos y tundra en la península de Labrador/Quebec, que ellos llaman Nitassinan, desde hace aproximadamente 7.500 años.

Hasta la segunda mitad del siglo XX, vivían como cazadores nómadas. Durante la mayor parte del año las aguas de Nitassinan están heladas, por lo que viajaban en pequeños grupos de dos o tres familias, con calzado especial para la nieve, arrastrando trineos. Cuando el hielo se derretía, viajaban en canoa hacia la costa o hacia un lago interior grande para pescar, comerciar y reunirse con amigos y parientes. En palabras de un hombre innu: “Mi identidad, mi religión, está en la naturaleza. Ahí fuera soy un trabajador, un pescador, un ecologista y un biólogo”.

Durante las décadas de los 50 y 60, sin embargo, el Gobierno canadiense y la Iglesia Católica desmantelaron sistemáticamente sus modos de vida. Confiscaron sus tierras, denunciaron sus creencias espirituales como “el trabajo del demonio” y presionaron a sus gentes para que se asentaran en chabolas superpobladas. La caza del caribú, una pieza fundamental de la forma de vida innu, fue criminalizada.

“En resumen, el Gobierno implementó numerosos procesos con el objetivo de cambiar a los innu y hacerlos perder los rasgos que los hacen singulares como pueblo”, explica Colin Samson, un sociólogo que ha trabajado con los innu desde hace años.

La transición fue traumática y completamente desestabilizadora para los innu. La vida en los asentamientos pronto estuvo marcada por niveles extremadamente altos de alcoholismo, consumo de pegamento esnifado entre los niños, violencia y tasas récord de suicidio. En abril de 1999, el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas describió su situación como “el asunto de mayor urgencia al que se enfrentan los canadienses”.