Ataque a la organización de los indígenas evenks de Siberia

Niño evenk con uno de sus renos.

Niño evenk con uno de sus renos.
© Raipon/Survival

Las oficinas de una comunidad tribal siberiana en Rusia han sido asaltadas por un grupo de pistoleros enmascarados. Dos hombres han sido secuestrados y trasladados a un lugar desconocido.

Tras semanas de silencio, uno de los rehenes pudo llamar a su familia. Les contó que había recibido palizas y amenazas.

El pasado 4 de octubre las oficinas de la cooperativa Dylacha, gestionada por la tribu evenk de Buryatia, en Siberia, fueron atacadas.

Según declaraciones de los testigos, los atacantes, sin identificar, irrumpieron en la oficina y arrinconaron a los trabajadores a punta de pistola antes de secuestrar a los dos hombres evenks.

De las informaciones obtenidas se extrae que posiblemente los atacantes vestían uniformes de OMON (una unidad especial de policía del Ministerio de Asuntos Interiores de Rusia); presuntamente habrían recibido ayuda del servicio secreto.

Dylacha es una “obschina” evenk, una cooperativa en la que la comunidad trabaja codo con codo para cuidar de los renos, cazar y pescar. También operan una pequeña mina de nefrita (jade) en su tierra, garantizando que no interfiere con sus actividades tradicionales. Los dos hombres retenidos participan en las actividades mineras de la cooperativa.

Desde que se produjo el asalto, Dylacha ha sido acusada de buscar nefrita fuera de su concesión. Sin embargo, no se han presentado pruebas que sustenten la acusación y durante el ataque nadie fue interrogado acerca de dicha alegación. Toda la nefrita almacenada por los evenks ha sido confiscada como parte de la investigación.

Los miembros de Dylacha creen que son objeto de represalias porque hace unos meses lograron impedir que la minería de nefrita siguiera adelante en los territorios de caza de los evenks. Se piensa que la empresa a la que se le denegó el permiso tiene estrechos vínculos con el servicio secreto ruso y el Ministerio del Interior.

El ataque a Dylacha, junto con la suspensión de la principal organización indígena de Rusia, RAIPON, hacen temer a muchos que aquellas personas que defienden los territorios indígenas rusos frente a la explotación se vean sometidos a la creciente amenaza de la intimidación y el acoso.