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Parques y pueblos

El conservacionismo medioambiental, necesario para proteger los menguantes recursos naturales del planeta, es una parte integral de la vida de muchos pueblos indígenas. Sin embargo, el conservacionismo a manos de foráneos que ignoran los derechos de estos pueblos puede ser catastrófico… para todos.

Los conservacionistas originarios

El 80% de los lugares con mayor biodiversidad del mundo son territorios de pueblos indígenas tribales que han vivido allí desde hace milenios. No es coincidencia. Los pueblos indígenas han protegido la diversidad de las especies de su entorno desarrollando modos de vida sustentables.

Somos los conservacionistas originariosMartin Saning’o, masai

La creación de zonas de conservación ha llevado a la expulsión de cientos de miles de pueblos indígenas. Están entre los millones de “refugiados del conservacionismo” que hay en el mundo.

Pero no tiene por qué ser así.

Los pigmeos son expertos en la selva. Aquí, fotografiados en la República Democrática del Congo.
Los pigmeos son expertos en la selva. Aquí, fotografiados en la República Democrática del Congo.
© Kate Eshelby/Survival

Muchas tribus se consideran guardianas de la tierra de sus hijos y de sus nietos, un enfoque que está unido de forma natural al conservacionismo. Los territorios indígenas ocupan un área de la cuenca del Amazonas cinco veces mayor que las zonas protegidas y son la barrera más importante contra la deforestación.

Estudios científicos basados en datos obtenidos por satélite han demostrado que los territorios indígenas son muy efectivos y de vital importancia a la hora de frenar la deforestación y cortar incendios forestales.

Sólo gracias a que los wanniyala-aettos protegieron la tierra, hubo luego tierra que convertir en parque.Jefe wanniyala-aeto

Armas y guardias

Los 100.000 parques o zonas protegidas del mundo cubren el 13% de la superficie terrestre del planeta y se estima que han generado 130 millones de refugiados del conservacionismo que han perdido sus hogares y sus modos de vida a causa de estos parques.

Muchos wanniyala-aettos han sido multados por cazar en su selva. Algunos han recibido disparos.
Muchos wanniyala-aettos han sido multados por cazar en su selva. Algunos han recibido disparos.
© Survival

Muchos pueblos indígenas se enteran por primera vez de que su territorio se ha convertido en un parque cuando los funcionarios de las agencias conservacionistas llegan para decirles que dejen de cazar, de cultivar sus tierras o, directamente, que se vayan.

Los guardias forestales, y sus armas de fuego, tienen mucho poder sobre los habitantes del lugar, y criminalizan su comportamiento.

El primer parque nacional, ¿un modelo para el futuro?

Si decimos que no estamos usando la tierra, eso es justificación para crear un parque nacional. Si se nos ve usando la tierra, es justificación para echarnos, para proteger y crear el parque nacional. Sólo podemos perder.Rebecca Adamson, First Nations Development Institute.

El Parque Nacional de Yellowstone en Estados Unidos fue el primer parque nacional del mundo.

Su creación costó la vida a muchos de los pueblos shoshone, pies negros y crow que vivían allí, y sin embargo este modelo de expulsión en nombre del conservacionismo ha sido exportado por todo el mundo, con efectos devastadores.

Un buen ejemplo es el Parque Nacional de la Selva Impenetrable de Bwindi en Uganda, donde muchos pigmeos batwas han visto sus vidas destruidas desde que se les prohibió vivir en la zona que una vez fue su hogar.

El Ngorongoro

Éste es nuestro hogar, es adonde pertenecemos… incluso si pasamos hambre y sufrimos, es aquí donde nos queremos quedar.Anciano masai, Ngorongoro

El espectacular paisaje del Ngorongoro, en Tanzania, es una de las zonas de conservación medioambiental más famosas del mundo.

Pocos visitantes saben, sin embargo, que en los años 70 las expulsiones que se llevaron a cabo en la otra mitad de la zona, en el Parque Nacional del Serengeti, hacinaron a los residentes masais y a sus animales en la Zona de Conservación del Ngorongoro.

Mujer masai extendiendo una capa de heces de vaca sobre el tejado de su cabaña. Una vez seca, se convierte en un caparazón impermeable y favorece la firmeza de la estructura. Kenia.
Mujer masai extendiendo una capa de heces de vaca sobre el tejado de su cabaña. Una vez seca, se convierte en un caparazón impermeable y favorece la firmeza de la estructura. Kenia.
© Adrian Arbib/Survival

Luego se prohibió a los masais llevar a pastar a su ganado al famoso cráter del Ngorongoro, cuyos ricos pastos y fuentes de agua eran vitales para los miembros de esta tribu que vivían en los alrededores.

Los masais no recibieron ninguna advertencia. Personal paramilitar llegó una mañana y expulsó a las familias del cráter, arrojando sus pertenencias a una cuneta.

La expulsión de estos guardianes naturales (y baratos) tuvo como resultado el aumento en la caza furtiva y la práctica extinción de los rinocerontes.Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas

El famoso cráter está ahora seriamente degradado. UNESCO ha amenazado con retirar su calificación como Patrimonio de la Humanidad. A principios de 2010, el Gobierno respondió pidiendo la expulsión de los miles de masais que usan el cráter. Se desconoce qué destino les espera.

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